Las autoridades chinas mantienen las operaciones de rescate tras el terremoto de magnitud 7 que sacudió la región del Tíbet la noche del jueves. El último balance oficial reporta al menos 16 fallecidos, 65 heridos —once de ellos en estado grave— y 12,489 personas evacuadas.
El sismo también provocó el derrumbe o daños en más de 300 viviendas, principalmente en zonas cercanas al condado de Baqing, en la ciudad de Nagqu. Las labores de emergencia movilizan a cientos de rescatistas y personal sanitario, mientras se distribuyen tiendas de campaña, mantas y otros suministros para atender a los afectados.
El Gobierno chino destinó fondos de emergencia para financiar los rescates, la evacuación y el alojamiento de los damnificados. El presidente Xi Jinping ordenó priorizar la búsqueda de supervivientes, la atención médica y la reparación de las infraestructuras dañadas.
Las bajas temperaturas y las réplicas complican los rescates
El terremoto ocurrió a unos 10 kilómetros de profundidad, en una zona de la meseta tibetana situada aproximadamente a 4,800 metros sobre el nivel del mar. Hasta las primeras horas del viernes se habían registrado 413 réplicas, la más fuerte de magnitud 4.3.
Las autoridades también trabajan para prevenir deslizamientos de tierra y otros riesgos geológicos. Aunque se restableció el suministro eléctrico en 1,937 hogares y se reanudó parcialmente la circulación ferroviaria, las condiciones climáticas y la posibilidad de nuevos temblores mantienen la situación bajo vigilancia.
El desastre revive el recuerdo del terremoto de magnitud 6.8 que golpeó el condado tibetano de Dingri en enero de 2025 y dejó al menos 126 muertos.