Geopolítica

Ucrania convierte la alerta aérea en un mapa casi en tiempo real para convivir con los ataques rusos

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Las autoridades ucranianas han comenzado a mostrar en directo la presencia y los movimientos de drones y misiles de crucero rusos a través de la aplicación oficial de alerta aérea, en un contexto de ataques casi constantes que buscan perturbar la economía y la vida cotidiana del país.

En Leópolis, al oeste de Ucrania, cuando empiezan a sonar las sirenas antiaéreas, muchos transeúntes sacan sus teléfonos móviles. En los últimos siete días, la ciudad ha acumulado más de 72 horas en alerta, pero la mayoría de los comercios permanece abierta y las calles siguen llenas de vehículos y viandantes.

La aplicación, patrocinada por el Gobierno y descargada por más de diez millones de ucranianos, muestra ahora en tiempo casi real la localización y la dirección aproximadas de las amenazas aéreas enemigas. Al lanzarse la versión actualizada, el primer ministro Serguí Koretski señaló que, durante los ataques aéreos, cada minuto cuenta para la seguridad de la población, por lo que es importante que la gente tenga acceso rápido a información verificada por el Ejército.

El objetivo del mapa con información en vivo es ayudar a la población, a las empresas y a las instituciones a organizar su actividad diaria de forma más eficiente, ahora que los ataques rusos se producen varias veces al día y no solo durante la noche, como ocurría hace tan solo unos meses. “Me recuerda a los servicios de taxi como Uber”, dijo en Leópolis la profesora de inglés Zoreslava Taraj, de 38 años, en referencia a la aplicación.

Durante los intensos ataques nocturnos, Taraj se mantiene alejada de las ventanas para minimizar riesgos. Durante el día, consulta la aplicación para ver a qué distancia están los drones antes de irse a trabajar o salir a hacer recados. Antes de que existiera este mapa, las autoridades locales y la Fuerza Aérea emitían solo alertas generales sobre la presencia de drones y misiles, sin proporcionar cifras, localizaciones o rumbo. Por eso muchos ucranianos recurrían a canales informales de Telegram que combinaban informaciones filtradas por soldados con acceso a los radares del Ejército, declaraciones institucionales y avistamientos reportados por la población en redes sociales o aplicaciones especializadas. La larga duración de las alertas también hizo que muchos dejaran de reaccionar para poder seguir con su vida cotidiana.

El nuevo mapa muestra los movimientos con un leve desfase —introducido deliberadamente, según las autoridades, para evitar que Rusia obtenga datos sobre la posición de las defensas aéreas ucranianas— y no refleja misiles balísticos, mucho más rápidos. Aun así, ofrece a civiles y organizaciones una imagen más clara de la amenaza a la que se enfrentan.

A principios de septiembre se introdujo además un sistema de alerta aérea de dos niveles en función de la gravedad del peligro, con el fin de reducir el desgaste económico de los ataques. Cada hora de cierre de negocios debido a las alertas cuesta a la economía ucraniana unos 45 millones de dólares, según el Gobierno. La alerta amarilla por un dron o un número escaso de ellos permite que la mayoría de los negocios e instituciones equipadas con refugios sigan funcionando, mientras que la alerta roja por misiles, grandes enjambres de drones o ataques combinados obliga a todos a buscar resguardo de inmediato.

Sin embargo, la evolución constante del armamento ruso está poniendo a prueba el sistema, pues Rusia recurre a drones y misiles cada vez más rápidos. La semana pasada, las alertas aéreas estuvieron activas casi la mitad del tiempo en Kiev y más de seis días en Járkov, en el noreste, de modo que algunos residentes se han resignado desde hace tiempo al peligro constante. “A veces, cuando las explosiones son muy fuertes, corro instintivamente al pasillo”, dijo desde Kiev Tetiana Barabanova, de 40 años. “Sin embargo, ya no me resguardo en los refugios antiaéreos. Da miedo, pero la gente se acostumbra”, añadió.

La distinción entre los diferentes niveles de alerta no afecta a las escuelas, donde los niños siguen pasando horas en refugios abarrotados en los que un aprendizaje adecuado es casi imposible. En las regiones occidentales, objeto de ataques más frecuentes en los últimos días, muchos alumnos se han quedado en casa recientemente y los centros educativos se plantean pasar a formatos digitales o mixtos para adaptarse al peligro de los bombardeos rusos.