Copenhague.– El viejo continente ha dado un golpe sobre la mesa en la lucha contra el cambio climático. La Agencia Europea para el Medio Ambiente (AEMA) informó este viernes que la Unión Europea ha reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% respecto a los niveles de 1990, y lo que es más importante: solo entre 2023 y 2024, la caída fue del 3%, un ritmo de descenso que no se veía en años. El motor de esta transformación es una combinación de energías renovables, menor uso de combustibles fósiles, eficiencia energética y cambios estructurales en la economía.
Los datos, que coinciden con las cifras oficiales enviadas por la UE a la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, pintan un panorama alentador. Las mayores reducciones se han logrado en sectores clave: la producción de electricidad y energía térmica ha recortado sus emisiones en un 58% en los últimos 36 años. Le siguen la combustión residencial, la metalurgia, la manufactura y la construcción. El análisis de la AEMA, con sede en Copenhague, destaca el crecimiento sustancial del porcentaje de energías renovables en la generación eléctrica y térmica, así como la caída del dióxido de carbono (CO2) por unidad de energía fósil producida.
El sector residencial, un ejemplo de eficiencia
El respiro también llega desde los hogares. Las emisiones del sector residencial han caído gracias a la mejora del aislamiento, la mayor eficiencia de los electrodomésticos y, también, a unos inviernos más cálidos que han reducido la demanda de calefacción. La AEMA subraya el papel de las políticas impulsadas por los Estados miembros y por la UE, en particular el Sistema de Comercio de Emisiones (SCE), que ha puesto un precio al carbono y ha incentivado la inversión limpia.
Pero no todo son buenas noticias. El transporte por carretera sigue siendo un punto negro. A pesar de la llegada de vehículos más eficientes y eléctricos, las emisiones del sector han aumentado debido al incremento de la demanda de movilidad. Es la asignatura pendiente de la transición ecológica europea.
Los bosques, aliados que se debilitan
Otro frente preocupante es el de los sumideros de carbono. Las reducciones netas de CO2 atribuidas a los bosques se han debilitado por el envejecimiento de las masas forestales, el aumento de las cosechas y los impactos del cambio climático (sequías, incendios). Los árboles siguen absorbiendo carbono, pero cada vez menos. En cuanto a los hidrofluorocarburos, utilizados en refrigeración y aire acondicionado, las emisiones crecieron entre 1990 y 2014, pero han caído en la última década gracias a regulaciones más estrictas.
La UE está en camino de cumplir sus objetivos climáticos para 2030, pero el ritmo actual debe mantenerse e incluso acelerarse. La caída del 3% en un solo año es un hito, pero los desafíos persisten. El transporte y los bosques son las dos caras de una misma moneda: la necesidad de políticas más ambiciosas y de un cambio cultural. Por ahora, el balance es positivo. Europa demuestra que es posible crecer económicamente mientras se reducen las emisiones. La revolución verde no solo es necesaria, sino que ya está en marcha. Y sus frutos comienzan a verse. El planeta, al menos por ahora, respira un poco más aliviado.