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Trump contra la historia: la batalla por salvar su mayoría legislativa en el peor momento de su popularidad

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A dos semanas de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, el presidente Donald Trump se ha lanzado a una campaña frenética con un objetivo claro: preservar la mayoría republicana en el Congreso. Pero no solo enfrenta encuestas adversas; también carga con el peso de una tradición política que, desde hace un siglo, castiga casi sistemáticamente al partido que ocupa la Casa Blanca en los comicios legislativos. Consciente de ello, Trump recorre el país con mítines diarios en los que pide a sus bases que voten "como si mi nombre estuviera en la papeleta", presentándose como el principal activo del Partido Republicano.


El mapa electoral: los demócratas parten como favoritos

Las proyecciones de Decision Desk HQ otorgan a la oposición demócrata un 78 % de probabilidades de recuperar la Cámara de Representantes y un 56 % de arrebatar el control del Senado. El descontento ciudadano con la inflación, el precio de la gasolina y la impopular guerra con Irán se perfila como el combustible de un可能的 vuelco electoral. La Cámara Baja renueva sus 435 escaños, lo que permitirá medir con nitidez el alcance del revés, mientras que el Senado solo renueva un tercio de sus puestos, con resultados que dependerán de los estados en juego.


El peso de la historia: casi siempre el partido del presidente pierde

La evidencia histórica es contundente. En el último siglo, solo tres elecciones de medio mandato han visto al partido del presidente mejorar sus resultados en la Cámara de Representantes: 1934 (Franklin D. Roosevelt, +9 escaños), 1998 (Bill Clinton, +4) y 2002 (George W. Bush, +8). En todos los demás casos, el desgaste ha sido la norma. Barack Obama sufrió una paliza en 2010 (los republicanos ganaron 63 escaños) y otra en 2014 (+13). El propio Trump vivió su primer gran revés en 2018, cuando los demócratas recuperaron la mayoría tras ganar 41 escaños, una mayoría que luego utilizaron para impulsar dos juicios políticos contra él. En 2022, con Joe Biden en la Casa Blanca, los republicanos lograron una ganancia neta de nueve escaños y recuperaron la Cámara Baja, aunque los demócratas evitaron la "ola roja" y conservaron el Senado.


La excepción que Trump necesita repetir

Para encontrar un precedente alentador hay que remontarse a 2002, cuando George W. Bush, con una popularidad superior al 60 % tras el 11-S, logró que los republicanos ganaran ocho escaños. Clinton lo consiguió en 1998 gracias a la buena marcha de la economía y al rechazo popular a la ofensiva republicana por el caso Lewinsky. Y Roosevelt lo hizo en 1934 con el respaldo al New Deal. Trump, en cambio, llega a estos comicios con una popularidad en torno al 38 %, muy lejos de aquellos escenarios.


La aritmética de la Cámara Baja: una mayoría frágil

Los republicanos defienden una mayoría exigua: 219 escaños frente a 214 de los demócratas. Cada escaño cuenta, y la historia sugiere que el partido del presidente perderá al menos unos pocos. La pregunta es si Trump, con su campaña intensiva y su capacidad de movilizar a su base, logrará desafiar la tendencia secular y conservar el control de ambas cámaras. De lo contrario, sus últimos dos años de mandato quedarían marcados por un Congreso hostil o dividido, complicando su agenda legislativa y exponiéndolo a nuevas investigaciones.


Conclusión: una apuesta contra el destino

Trump se juega mucho más que una mayoría. Se juega la capacidad de gobernar en los dos años finales de su presidencia. La historia dice que el partido del presidente casi siempre pierde en las midterms. Las encuestas dicen que los demócratas van por delante. Y el reloj avanza hacia el 3 de noviembre. Si Trump logra revertir ambos pronósticos, habrá desafiado no solo a los sondeos, sino a un siglo de tradición política estadounidense. Si no, su presidencia entrará en una fase de parálisis legislativa y asedio político. La campaña está en marcha; el veredicto, en manos de los votantes.