Los presidentes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin, aprovecharon este miércoles su cumbre en Pekín para reforzar la coordinación estratégica entre ambos países y proyectarse como un factor de “estabilidad” frente a un escenario internacional marcado por la guerra en Ucrania, la crisis en Oriente Medio y las crecientes tensiones con Occidente.
La jornada central de la visita de Estado del mandatario ruso estuvo marcada por mensajes de respaldo político mutuo, acuerdos de cooperación y una narrativa conjunta a favor de un mundo “multipolar”, en contraste con el liderazgo occidental encabezado por Estados Unidos.
Una relación “en el nivel más alto de su historia”
Durante el encuentro, Xi Jinping aseguró que las relaciones entre China y Rusia atraviesan “el nivel más alto de su historia”, mientras ambos líderes anunciaron una extensión del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación firmado hace 25 años, considerado la base jurídica de la alianza bilateral moderna.
Además, ambos mandatarios firmaron declaraciones conjuntas sobre cooperación estratégica y sobre la construcción de un “nuevo orden mundial”, junto a una veintena de acuerdos y memorandos de entendimiento.
Xi volvió a referirse a Putin como un “viejo amigo”, mientras el líder ruso afirmó que los vínculos entre Moscú y Pekín han alcanzado un nivel “sin precedentes”.
Ucrania y las “raíces” del conflicto
La guerra en Ucrania ocupó un lugar destacado en las conversaciones. China y Rusia reiteraron su apoyo a una solución política negociada y defendieron abordar las “raíces” del conflicto, una expresión utilizada habitualmente por Moscú para referirse a la expansión de la OTAN y al sistema de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría.
Pekín mantuvo su postura ambigua sobre la guerra: por un lado, insiste en respetar la soberanía de todos los países; por otro, reclama atender las “legítimas preocupaciones de seguridad” de Rusia.
La cuestión cobró aún más relevancia tras una reciente publicación del Financial Times que aseguró que Xi comentó a Donald Trump que Putin podría arrepentirse de haber invadido Ucrania, algo que China negó categóricamente.
Oriente Medio gana protagonismo
Otro de los temas centrales fue la situación en Oriente Medio. Moscú y Pekín condenaron los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y pidieron retomar el diálogo para evitar una mayor escalada regional.
Para China, además del componente geopolítico, existe una preocupación energética directa debido a la importancia estratégica del estrecho de Ormuz para el suministro mundial de petróleo.
Energía: avances sin acuerdo definitivo
Uno de los asuntos más esperados era el futuro del proyecto gasístico Fuerza de Siberia-2, diseñado para transportar 50.000 millones de metros cúbicos de gas ruso anuales hacia China a través de Mongolia.
Aunque Rusia aseguró que existe entendimiento sobre aspectos clave del proyecto, la visita concluyó sin un acuerdo definitivo ni un calendario concreto para su ejecución.
Posteriormente, Putin insistió ante el primer ministro chino, Li Qiang, en la necesidad de proteger la cooperación energética bilateral frente a la “influencia externa”.
La visita de Trump sigue marcando el contexto
La visita de Putin a Pekín se produjo apenas una semana después del viaje oficial de Donald Trump a China, una coincidencia que medios estatales chinos han utilizado para presentar a Pekín como el nuevo centro de la diplomacia global.
Aunque el Kremlin insistió en que ambos viajes no están relacionados, la cercanía temporal y el complejo contexto internacional hicieron inevitable la comparación entre ambas cumbres.