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La ONU advierte que la inteligencia artificial puede ampliar la brecha de desigualdad

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Nueva York, Estados Unidos. – La inteligencia artificial podría agravar la desigualdad global si no se establecen normas compartidas y mecanismos de gobernanza efectivos, según un informe preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial de la ONU, que advierte que la ventana de oportunidad para corregir esta tendencia se está cerrando rápidamente.

El informe, elaborado por un panel de 40 expertos de todo el mundo creado por la Asamblea General en 2025, destaca que el sector avanza a una velocidad excepcional y que la IA generativa ya es capaz de escribir programas informáticos, analizar conjuntos de datos masivos, producir imágenes y vídeos realistas, y apoyar el descubrimiento científico. La llamada IA de agentes, en la que sistemas autónomos completan tareas complejas con una intervención mínima, va aún más lejos, duplicando su capacidad aproximadamente cada pocos meses.

Los riesgos: deepfakes, desinformación y ciberseguridad

El informe señala riesgos crecientes, entre ellos el uso de la IA para generar material de abuso sexual y deepfakes explícitos, que afectan de manera desproporcionada a mujeres y menores. También advierte que la IA está haciendo que la desinformación sea más convincente y difícil de detectar, erosionando la confianza pública y el debate democrático. La ciberseguridad también está en riesgo, con delincuentes que utilizan la IA para cometer fraudes y llevar a cabo ingeniería social, y se emplea para alimentar pensamientos dañinos en usuarios vulnerables, contribuyendo a crisis de salud mental, incluido el suicidio.

El potencial benéfico de la IA

A pesar de los riesgos, el informe reconoce los beneficios de la IA, como su capacidad para cartografiar la estructura de más de 200 millones de proteínas, acelerando el descubrimiento de fármacos y la investigación de vacunas. También contribuye a detectar la inseguridad alimentaria antes de que se convierta en una crisis, amplía el acceso a la educación, al apoyo en salud mental y a herramientas para personas con discapacidad.

Un terreno de juego desigual: el control de la IA en manos de EE.UU. y China

La IA no se distribuye de forma uniforme en el planeta. El informe estima que Estados Unidos controla aproximadamente tres cuartas partes de la capacidad de computación que sustentan los principales superordenadores de IA, mientras que China concentra en torno al 15%, lo que significa que ambos países reúnen alrededor del 90% de esa capacidad. Los modelos de IA más avanzados están siendo desarrollados por empresas radicadas en estas dos naciones, mientras que los países en desarrollo carecen del talento, la infraestructura y la financiación necesarias para crear o auditar los sistemas de IA que utilizan.

El dilema de la regulación

A la hora de establecer normas para la IA, el informe señala la existencia de un «dilema de la evidencia»: los legisladores necesitan datos sólidos antes de redactar reglas eficaces, pero la IA suele evolucionar más rápido que esos datos. Actualmente existen más de 40 marcos de gobernanza de la IA en todo el mundo, pero el panel los describe como fragmentados, incoherentes y rara vez sometidos a pruebas que demuestren su efectividad. Buena parte de las evaluaciones de seguridad se realizan por las mismas empresas que desarrollan la tecnología, lo que suscita dudas sobre su independencia.

El panel reclama evaluaciones más robustas por terceros, una mayor coordinación internacional, normas compartidas e inversiones que permitan a los países desarrollar las capacidades y la infraestructura necesarias para gobernar la IA según sus propias prioridades. «Cuanto más avance la IA sin normas compartidas, menos capacidad de influencia tendrán los Gobiernos y las personas en el resultado», afirmó António Guterres, secretario general de la ONU, quien instó a los gobiernos a no esperar, ya que la ciencia ya está aquí.

Las conclusiones del panel servirán de base para el Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, que se inaugurará en Ginebra el 6 de julio de 2026, donde los Estados miembros debatirán enfoques internacionales coordinados para gestionar esta tecnología. La advertencia de la ONU es clara: si no se actúa ahora, la IA podría consolidar y profundizar las desigualdades globales, dejando a los países en desarrollo en una posición de desventaja irreversible.