Los carbohidratos suelen ser el centro de las dudas para quienes buscan controlar la glucosa en sangre, especialmente en casos de diabetes y prediabetes. Sin embargo, organismos internacionales y especialistas coinciden en que no es necesario eliminarlos por completo. La clave, sostienen, está en prestar atención a su calidad, cantidad y combinación con otros alimentos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda priorizar fuentes como granos integrales, verduras, frutas y legumbres, debido a su aporte nutricional y contenido de fibra. La entidad aconseja consumir al menos 25 gramos de fibra al día en adultos y limitar los azúcares libres a menos del 10 % de la ingesta energética diaria total. Por su parte, la Asociación Estadounidense de Diabetes (ADA) señala que no existe un porcentaje único de carbohidratos adecuado para todos; la cantidad debe ajustarse según las necesidades individuales, el tratamiento y los objetivos de cada paciente.
Desmontando mitos: ni eliminación total ni fruta prohibida
Uno de los mitos más frecuentes es que las personas con diabetes deben excluir completamente los carbohidratos. La ADA, sin embargo, aboga por una dieta basada en alimentos ricos en nutrientes, fibra y poco procesados, como legumbres, frutas enteras, verduras y granos integrales, que contribuyen a una respuesta más estable de la glucosa y facilitan un patrón alimentario sostenible a largo plazo.
La nutricionista Erin Palinski-Wade, dietista registrada y educadora certificada en diabetes, explicó que no existen evidencias que justifiquen eliminar los carbohidratos por completo. Las alternativas ricas en fibra y poco procesadas pueden favorecer el manejo de la glucosa y la salud cardiovascular. La OMS tampoco plantea una reducción extrema, sino que concentra sus orientaciones en la procedencia y calidad de los carbohidratos consumidos.
Otro mito común es que las personas con diabetes deberían evitar la fruta por su contenido natural de azúcar. Las recomendaciones internacionales diferencian entre fruta entera y productos como jugos o preparaciones con azúcares añadidos. La OMS incluye las frutas entre las fuentes preferentes de carbohidratos, y el NIH favorece su consumo por encima de los jugos. La especialista Sylvia Klinger agregó que incorporar frutas frescas o congeladas, acompañadas de proteínas o grasas saludables, ayuda a mantener una alimentación equilibrada.
Calidad, no solo cantidad
Aunque contar porciones puede ser útil, los especialistas advierten que no todos los carbohidratos producen la misma respuesta. La calidad depende de factores como la cantidad de azúcar, el contenido de fibra y la velocidad de digestión y absorción. Un producto ultraprocesado no tiene el mismo efecto metabólico que un alimento integral. Palinski-Wade explicó que los carbohidratos simples de productos muy procesados se digieren más rápido, mientras que los complejos de granos integrales y frutas se absorben de manera gradual, favoreciendo una liberación menos brusca de glucosa.
La nutricionista Lorena Drago también advirtió que un producto etiquetado como “sin azúcar” no está necesariamente libre de componentes que eleven la glucosa, ya que puede contener harinas, almidones o leche. Por eso, la ADA recomienda revisar la composición completa de los alimentos y no limitarse a los mensajes del envase.
Dietas muy restrictivas: ¿siempre mejores?
La idea de que reducir al mínimo los carbohidratos garantiza un mejor control de la glucosa tampoco cuenta con respaldo universal. La ADA plantea que los planes alimentarios deben adaptarse a cada persona y priorizar la calidad de los alimentos, la distribución de las comidas y la adherencia al tratamiento, más que aplicar restricciones extremas. Palinski-Wade señaló que, aunque algunas dietas muy bajas en carbohidratos pueden producir cambios rápidos de peso, no necesariamente generan mejores resultados a largo plazo para el control de la glucosa. El NIH también recoge que existe un rango amplio de consumo de carbohidratos compatible con una alimentación saludable, siempre que se prioricen alimentos con fibra y menor procesamiento. En definitiva, el consenso es claro: los carbohidratos no son el enemigo, sino que, bien elegidos y en las porciones adecuadas, pueden ser aliados en el manejo de la glucosa y la salud integral.