Economía

Los precios del gas en Europa alcanzan máximos de 2023 y la AIE insta a los gobiernos a preparar reservas

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El precio de referencia del gas al por mayor en Europa, el contrato holandés TTF para entrega al mes siguiente, superó este miércoles los 79 euros por megavatio hora, su nivel más alto desde principios de 2023, en un contexto de creciente tensión geopolítica y fragilidad en el suministro energético. La escalada se debe principalmente a las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, que han intensificado la preocupación por los envíos de gas natural licuado (GNL) a través del estrecho de Ormuz, por donde transitaba alrededor del 20 % del comercio mundial de GNL antes del conflicto y cuyo cierre efectivo ha bloqueado esos envíos durante meses.

Desde comienzos de año, el contrato TTF ha oscilado entre 26,50 y 79 euros por MWh, a medida que el conflicto ha ido incorporando una prima de riesgo creciente a los precios del gas en Europa. La crisis en Oriente Próximo también ha encarecido los precios a corto plazo, debilitando el incentivo financiero para que las empresas introduzcan gas en almacenamiento, ya que las condiciones de suministro podrían mejorar más adelante en el año. Como resultado, los niveles de almacenamiento en Europa son inusualmente bajos, aunque el consumo de gas en la UE sigue situándose entre un 15 % y un 20 % por debajo de los niveles de 2021, lo que permite al bloque funcionar con reservas más reducidas, pero aumenta su dependencia de las importaciones de GNL durante el invierno.


Suministro comprometido y riesgos inflacionarios

A la tensión en Oriente Medio se suma una reducción prolongada de los suministros desde Qatar. Las huelgas de marzo dañaron gravemente dos unidades de producción de GNL en el complejo de Ras Laffan, eliminando 17.000 millones de metros cúbicos de capacidad anual —equivalente al 17 % de la capacidad de exportación de GNL de Qatar—, con reparaciones que podrían extenderse entre tres y cinco años. Si las exportaciones desde Oriente Próximo se recuperan solo de forma gradual, los analistas de Goldman Sachs estiman que el precio del TTF para diciembre de 2026 podría superar los 100 euros por MWh para atraer suficiente GNL hacia Europa, muy por encima del escenario central de 50 euros.

El encarecimiento de la energía también alimenta las preocupaciones sobre la inflación. La inflación de la zona euro alcanzó el 3,3 % en agosto, en gran medida por el coste de la energía, y los mercados dan por descontada una subida de un cuarto de punto en los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo. Los inversores han vendido bonos europeos ante el temor de que los precios energéticos mantengan la inflación y los tipos altos durante más tiempo, lo que encarece la financiación de los gobiernos cuando refinancian su deuda.


La AIE propone reservas estratégicas y cooperación internacional

Ante este escenario, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado un informe en el que insta a los gobiernos, especialmente a los europeos, a replantearse cómo se preparan ante posibles escaseces de gas natural. En lugar de confiar únicamente en objetivos rígidos de almacenamiento y en la competencia por los cargamentos de GNL, la AIE recomienda establecer reservas estratégicas —gas mantenido fuera del mercado comercial para liberarlo solo en caso de emergencia—, adoptar contratos más flexibles y reforzar la cooperación internacional.

El informe destaca que Europa ha perdido parte de su flexibilidad energética al depender ahora en mayor medida del GNL negociado en los mercados mundiales, tras haber reducido drásticamente su dependencia del gas ruso transportado por gasoducto desde el inicio de la guerra de Ucrania en 2022. Aunque el bloque ha instalado más de 50.000 millones de metros cúbicos anuales de capacidad de importación de GNL desde la crisis de 2022-2023, los terminales no garantizan el suministro: Europa sigue teniendo que atraer y pagar los cargamentos.

Las normas vigentes obligan a los países de la UE a llenar sus almacenamientos de gas hasta el 90 % antes del 1 de noviembre, aunque pueden apartarse de ese objetivo si las condiciones de mercado son desfavorables. La AIE sostiene que las reservas estratégicas podrían aportar un respaldo complementario y fiable. Varios países como Italia, Polonia y España ya cuentan con ellas; en 2025, se almacenaron en toda la Unión Europea unos 12.000 millones de metros cúbicos como reservas estratégicas, lo que representa alrededor del 3,5 % del consumo anual de gas y el 12 % de la capacidad operativa de almacenamiento.

La agencia sugiere que los gobiernos podrían ampliar estos mecanismos y coordinarlos a escala europea o internacional, alineándose con iniciativas como 'AccelerateEU', la estrategia de la Comisión Europea para reducir los costes energéticos y disminuir la dependencia de mercados volátiles. Entre las medidas propuestas figuran coordinar compras de gas, utilizar los objetivos de almacenamiento con mayor flexibilidad, reducir la demanda y proteger a hogares y empresas del impacto de precios más altos. La AIE también plantea almacenar entre diez y 15.000 millones de metros cúbicos de gas en Ucrania una vez que la guerra haya terminado y las instalaciones sean seguras, así como pagar por mantener gas de emergencia en otro país, asegurar de forma conjunta el derecho a comprar cargamentos adicionales de GNL y utilizar buques más antiguos como almacenamiento temporal.

El informe reconoce que estas propuestas requieren un análisis más profundo —quién es propietario del gas, cuándo puede liberarse, quién lo financia— y que mantener reservas de emergencia tiene un coste. Pero la AIE insiste en que afrontar una crisis sin preparación podría resultar mucho más caro. Con el invierno acercándose y los precios en máximos, Europa se enfrenta a una prueba de fuego para su seguridad energética.