La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, ha sufrido un nuevo golpe en su ya cuestionado mandato después de que varios Estados miembros torpedearan su iniciativa de crear un grupo de alto nivel sobre defensa europea, obligando al Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) a cancelar el proyecto horas antes de su lanzamiento. La iniciativa, presentada apenas unos días antes, pretendía reunir a expertos para identificar lagunas estratégicas de inversión y reforzar las capacidades de defensa del bloque, pero encontró una oposición frontal que ha dejado en evidencia la debilidad política de la alta representante.
Italia encabezó el rechazo con un "no" rotundo después de que el grupo incluyera a Roberta Pinotti, exministra de Defensa de gobiernos de centroizquierda y considerada una adversaria política del actual titular de la cartera, Guido Crosetto. Francia y otros países también expresaron su desacuerdo, argumentando que la propuesta no había sido debatida a nivel ministerial y que había tomado por sorpresa a la mayoría de los gobiernos. La presión fue tal que el SEAE no tuvo más remedio que cancelar la iniciativa, en lo que varios responsables europeos calificaron como un ejemplo de "mala gestión" y una "coreografía desafortunada".
Frustración en los Estados miembros y choque con la Comisión
El episodio revela una tensión subyacente en el funcionamiento de la diplomacia europea. Mientras el SEAE defiende la urgencia de acelerar la preparación en defensa ante el riesgo de que Europa sea pillada desprevenida, algunos Estados miembros parecen más dispuestos a frenar las iniciativas que a proponer nuevas ideas. La falta de consulta previa con las capitales europeas ha sido señalada como uno de los principales errores, y varios diplomáticos han subrayado que los Estados miembros exigen ser consultados en cuestiones de política exterior, incluso para la creación de órganos consultivos.
Paradójicamente, este tropiezo se produce en un momento en que el papel institucional de Kallas está siendo cada vez más cuestionado, tanto desde Bruselas como desde algunas capitales europeas. La alta representante ha mantenido varios enfrentamientos con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, por el control de la política exterior del bloque, y su servicio diplomático se enfrenta a presiones crecientes para reformarse. La propuesta franco-alemana de situar el SEAE bajo la responsabilidad de la Comisión, aunque con competencias reforzadas, ha añadido combustible al debate sobre el futuro de la diplomacia europea.
Apoyo frágil y descontento creciente
Kallas ha defendido el actual esquema institucional argumentando que trasladar la política exterior a la Comisión haría perder a los Estados miembros pequeños el control sobre las decisiones. Sin embargo, su último revés ha irritado precisamente a ese grupo de países, que ven el SEAE como un servicio a su disposición y no como una institución con criterio propio que toma iniciativas sin discusión previa.
Esta no es la primera vez que Kallas intenta avanzar sin contar con el respaldo político necesario. El año pasado, su propuesta de un paquete de apoyo militar a Ucrania por valor de 40.000 millones de euros fue rechazada por los líderes de la UE. La alta representante también ha acumulado otros deslices diplomáticos, como afirmaciones sobre la evacuación de la embajada de EE.UU. en Kiev que fueron desmentidas desde Washington, o la ruptura de contactos con el ministro de Exteriores israelí tras comparar a Israel con la Sudáfrica del apartheid.
Con una sucesión de incidentes que erosionan su credibilidad y un descontento generalizado entre los Estados miembros, Kallas se enfrenta a un momento crítico para su mandato. Cualquier nuevo tropiezo que aleje el apoyo de los países que aún la respaldan podría resultar determinante para su futuro al frente de la diplomacia europea.