Ginebra.– El trabajo puede ser una fuente de realización, pero también una sentencia de muerte silenciosa. Un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), agencia de Naciones Unidas, ha destapado una crisis de salud pública ignorada: los riesgos psicosociales en el entorno laboral (largas jornadas, inseguridad en el empleo, acoso, violencia psicológica, desequilibrio entre esfuerzo y recompensa) causan más de 840.000 muertes anuales en todo el mundo. La factura principal: enfermedades cardiovasculares y trastornos de salud mental, incluido el suicidio.
"Los riesgos psicosociales se están convirtiendo en uno de los desafíos más importantes para la seguridad y la salud en el trabajo", advirtió Manal Azzi, responsable de políticas de la OIT. El informe cuantifica el impacto: casi 45 millones de años de vida saludable se pierden cada año (DALYs), y el costo económico combinado (enfermedades cardiovasculares más trastornos mentales) equivale al 1,37% del PIB mundial. En Europa, la cifra asciende a 112.333 muertes anuales, una pérdida del 1,43% del PIB.
El talón de Aquiles: jornadas excesivas y acoso generalizado
La OIT identifica los principales factores de daño: las largas jornadas laborales (más de 48 horas semanales, una realidad para el 35% de los trabajadores globales), el acoso y la violencia psicológica (el 23% de los empleados afirma haber sufrido alguna forma de violencia en su vida laboral), la inseguridad en el empleo, la ambigüedad de funciones y la percepción de injusticia. Un estudio de la OMS ya había establecido que trabajar 55 horas o más a la semana aumenta el riesgo de ictus en un 35% y el de muerte por cardiopatía isquémica en un 17%, en comparación con una jornada de 35-40 horas.
Pero el daño no es solo físico. La depresión y la ansiedad, según la OMS, provocan 12.000 millones de jornadas laborales perdidas al año. El síndrome de agotamiento profesional, las alteraciones del sueño y la fatiga son moneda corriente. Y lo que es peor: el estrés laboral lleva a mecanismos de afrontamiento poco saludables (tabaquismo, alcohol, alimentación excesiva, sedentarismo) que a su vez desencadenan obesidad, hipertensión y otras enfermedades crónicas. "Las conductas poco saludables refuerzan y amplifican los efectos adversos del estrés psicosocial", señalan los autores.
Un problema que se agrava con la digitalización
La digitalización, la inteligencia artificial, el trabajo a distancia y las nuevas formas de empleo están transformando el entorno psicosocial. La OIT insta a las organizaciones a identificar los riesgos y aplicar medidas preventivas que aborden el diseño del trabajo: reparto de la carga, claridad de funciones, plantillas adecuadas y horarios razonables. Cuando la prevención es insuficiente, pide apoyos oportunos y sin estigmas: acceso a servicios de salud mental, adaptaciones temporales del puesto, asesoramiento laboral y procesos justos de reincorporación.
El mensaje es claro: mejorar el entorno psicosocial no es solo una cuestión de salud pública, sino de productividad y sostenibilidad económica. Las empresas que ignoran estos riesgos pagan un precio altísimo en absentismo, rotación y pérdida de talento. Y los trabajadores, con su vida. La epidemia de estrés laboral no es inevitable. La OIT ha dado la voz de alarma. Ahora falta que los gobiernos y las empresas actúen. Porque el derecho a un trabajo saludable no debería ser un lujo, sino una norma. Y porque ninguna ganancia económica vale una vida.