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Putin alerta sobre la "fractura" interna en vísperas de las elecciones: "Nuestros enemigos tratarán de desestabilizar”

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Moscú.– A cinco meses de las elecciones a la Duma, el Kremlin ha activado el modo "cerco". El presidente Vladímir Putin advirtió este martes que los "enemigos externos" de Rusia intentarán aprovechar cualquier resquicio para desestabilizar la sociedad y fracturar al país desde dentro, en un mensaje que combina la alerta geopolítica con un llamamiento a la unidad nacional. "Comprendemos que las elecciones se celebrarán en condiciones complejas y nuestros oponentes, o mejor dicho, enemigos, tratarán de aprovechar cualquier oportunidad para fracturar y desestabilizar la sociedad rusa", afirmó durante una ceremonia de premiación a activistas municipales.

El mandatario, sin embargo, se mostró confiado en que estos intentos serán "frustrados" y que los votantes optarán por "programas políticos constructivos, ideas patrióticas y personas con voluntad de actuar". "A día de hoy comprendemos que lo más importante es estar juntos, que solo gracias a nuestra unidad lograremos cumplir los objetivos de la operación militar especial" en Ucrania, agregó, en una clara vinculación entre la estabilidad interna y el esfuerzo bélico.

Las encuestas: Rusia Unida lidera, pero la aprobación de Putin cae a mínimos de antes de la guerra

Según sondeos recientes, si las elecciones a la Duma se celebraran el próximo domingo, el partido del Kremlin, Rusia Unida, obtendría alrededor del 30% de los votos, seguido del ultranacionalista Partido Liberal-Demócrata (LDPR) y la formación Gente Nueva, ambos con un 10%. La fragmentación del voto refleja una sociedad que, aunque mayoritariamente respalda al presidente, muestra signos de cansancio.

Datos de la empresa estatal VCIOM indican que la aprobación de la gestión de Putin ha caído varias semanas consecutivas por debajo del 70%, hasta niveles no vistos desde antes del inicio de la invasión de Ucrania en 2022. La guerra prolongada, las sanciones occidentales y el desgaste económico parecen estar pasando factura al líder del Kremlin, aunque su popularidad sigue siendo alta en comparación con cualquier otro político ruso.

El discurso de la "fortaleza sitiada": un clásico electoral

La advertencia de Putin sobre la desestabilización externa no es nueva. Es un recurso recurrente en los períodos electorales rusos, utilizado para movilizar a la base patriótica y justificar la represión contra la oposición. En esta ocasión, el contexto es especialmente sensible: las elecciones a la Duma se celebrarán en medio de una guerra que ya dura más de cuatro años y que ha aislado a Rusia internacionalmente. El Kremlin necesita asegurar una alta participación y una victoria contundente para legitimar su política, tanto dentro como fuera del país.

La referencia a los "enemigos externos" permite a Putin desviar la atención de los problemas internos (inflación, escasez de mano de obra, bajos salarios) y presentarse como el único garante de la estabilidad. La "unidad nacional" que predica es, en realidad, una exigencia de lealtad incondicional al gobierno.

La oposición, entre la irrelevancia y la represión

Mientras Putin advierte sobre amenazas externas, la oposición interna sigue siendo objeto de una férrea represión. Los líderes críticos con el Kremlin están encarcelados, exiliados o inhabilitados. Los medios independientes han sido cerrados o declarados "agentes extranjeros". En este contexto, las elecciones a la Duma no se perciben como una contienda libre, sino como un trámite para refrendar la voluntad del Kremlin.

El llamado de Putin a votar por "personas con voluntad de actuar constructivos" es una invitación a apoyar a los candidatos del sistema, aquellos que no cuestionarán la guerra ni la política interior. La advertencia sobre la desestabilización sirve también como una amenaza velada a quienes pudieran intentar protestar o boicotear los comicios.

Un país en vilo, un líder que aprieta las tuercas

Las elecciones a la Duma de septiembre serán un termómetro de la salud política rusa. La caída de la aprobación de Putin, aunque todavía alta, es un síntoma de desgaste. La guerra en Ucrania, que el Kremlin esperaba corta, se ha convertido en un conflicto de desgaste que consume recursos y vidas. Las sanciones occidentales han afectado la economía, aunque no la han quebrado.

Putin confía en que la unidad nacional que él mismo encarna será suficiente para superar las dificultades. Pero la historia muestra que los imperios no caen solo por ataques externos, sino por fracturas internas. La advertencia del presidente ruso es, en el fondo, un reconocimiento implícito de su propia vulnerabilidad. Enemigos externos, dice. Pero quizás los mayores peligros estén más cerca de casa. Las elecciones de septiembre lo dirán. Mientras tanto, Rusia se prepara para votar, y el mundo observa.