El primer ministro británico saliente, Keir Starmer, ha viajado este jueves a Ucrania en lo que será su última visita oficial al extranjero antes de traspasar el testigo a su sucesor la próxima semana. En su reunión con el presidente Volodímir Zelenski, Starmer tiene previsto subrayar que el respaldo del Reino Unido a la resistencia ucraniana no se resquebrajará con su dimisión, y que el compromiso de Londres perdurará bajo el nuevo Gobierno que encabezará Andy Burnham a partir del lunes.
En un comunicado difundido antes del viaje, el todavía jefe del Ejecutivo británico declaró: «Nuestro apoyo inquebrantable a Ucrania perdurará siempre. A lo largo de este conflicto he visto la increíble fortaleza del pueblo ucraniano y la férrea voluntad de una nación que se niega a dejarse intimidar. Su resistencia no solo ha defendido su propia libertad, también ha preservado la seguridad de Europa».
La visita se produce apenas unos días después de que el Reino Unido se sumara al préstamo de apoyo a Ucrania de 90.000 millones de euros impulsado por la Unión Europea, un movimiento que abre a las empresas británicas de Defensa el acceso a contratos financiados por el programa comunitario, a cambio de asumir una parte proporcional de los 3.000 millones de euros anuales en intereses. Bruselas ha acogido con satisfacción esta adhesión, vista como un paso clave para consolidar el respaldo colectivo a Kiev en un momento crítico.
Starmer dejará oficialmente el liderazgo del Partido Laborista este viernes, y el lunes será formalmente relevado por Burnham, quien se convertirá en el quinto primer ministro británico desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022. El anuncio de su dimisión el mes pasado, precipitado por una pérdida de confianza interna tras varios vaivenes en su política doméstica, no ha empañado su reputación internacional: Starmer ha sido, junto al presidente francés Emmanuel Macron, uno de los principales artífices de la Coalición de los Voluntarios, que agrupa a más de 30 países para planificar garantías de seguridad a largo plazo y una posible fuerza multinacional de paz si se alcanza un alto el fuego con Rusia.
Su marcha ha obligado a Bruselas a aplazar la cumbre Reino Unido-UE prevista para el 22 de julio, aunque Londres confía en retomar las negociaciones —ya con Burnham al frente— después del verano. Mientras tanto, la visita de despedida a Kyiv se convierte en un último gesto simbólico de un líder que ha hecho de Ucrania una causa personal y que, incluso al dejar el cargo, insiste en que la defensa de la libertad europea sigue siendo una prioridad irrenunciable.