En los últimos 15 años, Rusia ha registrado una caída drástica del número de abortos: de 1,01 millones en 2010 a 235.700 en 2025, una reducción de cuatro veces, según estadísticas oficiales del Ministerio de Sanidad citadas por el diario Védomosti. La tasa de abortos también descendió de 56 a 20 por cada 100 nacimientos. Sin embargo, los abortos espontáneos aumentaron de 10,1 a 15,8 por cada 100 nacimientos en el mismo periodo.
Las autoridades rusas han endurecido los requisitos para practicar abortos y han incorporado consultas obligatorias con psicólogos y trabajadores sociales, en un intento por revertir la drástica caída de la natalidad. Esa tendencia se explica por la incertidumbre vinculada a la guerra de Ucrania y por el llamado “agujero demográfico”: las mujeres nacidas en la década de 1990, cuando los nacimientos se desplomaron, alcanzan ahora la edad fértil.
El presidente Vladímir Putin ha abogado por que cada mujer rusa tenga al menos tres hijos. En 2024, el Parlamento ruso aprobó una ley que prohíbe la propaganda de la ideología childfree, que reivindica el derecho de las mujeres a no tener hijos. Con estas medidas, Moscú busca frenar un declive poblacional que se ha convertido en una prioridad estratégica para el Kremlin.