Dos investigaciones publicadas este miércoles en The Lancet y eClinicalMedicine refuerzan con solidez estadística una premisa vital: mínimos cambios en el movimiento, la alimentación y el descanso se asocian con una reducción significativa de la mortalidad, especialmente entre quienes parten de estilos de vida menos saludables.
El primero de los estudios, basado en el análisis de más de 135.000 adultos de Noruega, Suecia, Estados Unidos y el Reino Unido, cuantifica el impacto de reducir el sedentarismo y aumentar la actividad física moderada, como caminar a paso vivo. Según sus conclusiones, tan solo cinco minutos adicionales al día de este tipo de ejercicio se vinculan con un 10% menos de mortalidad en la población general. Para las personas más inactivas, ese mismo incremento modesto se asocia con una reducción del 6%.
Además, sustituir 30 minutos diarios de sedentarismo por movimiento ligero podría prevenir un 7% de las muertes en adultos que pasan sentados unas 10 horas al día. Los investigadores subrayan que estos beneficios son acumulativos: diez minutos extra de actividad moderado-vigorosa al día se relacionan con una caída del 15% en la mortalidad.
El segundo estudio, realizado con cerca de 60.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, explora el efecto sinérgico de mejorar varios hábitos a la vez. Pequeños ajustes combinados —como dormir cinco minutos más, añadir dos minutos de actividad física vigorosa y media ración extra de verduras al día— podrían prolongar la esperanza de vida en más de un año en quienes tienen los patrones menos saludables.
La combinación óptima (7-8 horas de sueño, 40 minutos de ejercicio diario y una dieta equilibrada) podría incluso sumar más de nueve años de vida con buena salud. “Estos hallazgos son especialmente relevantes en un contexto donde las aproximaciones farmacológicas suelen recibir más atención que el impacto contrastado de los hábitos de vida”, señaló Luis Cereijo, investigador en Salud Pública de la Universidad de Alcalá, en valoración recogida por Science Media Centre.
Ambas investigaciones, aunque observacionales y centradas en países de altos ingresos, consolidan la evidencia de que cambios mínimos y realizables tienen un peso considerable en la longevidad y el bienestar. Refuerzan así un mensaje alentador: nunca es tarde ni demasiado pequeño para empezar a invertir en salud.