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Delcy Rodríguez cumple 100 días en el ojo del huracán: prioriza la economía, consolida el chavismo y baila con Washington sin pisar los pies de Diosdado Cabello

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Caracas/Washington.– La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha cumplido cien días en el poder con un equilibrio de funámbulo. Por un lado, prioriza la recuperación económica y busca consolidar la continuidad del chavismo; por el otro, refuerza su incipiente entendimiento con Estados Unidos, el mismo país que capturó a Nicolás Maduro. Sin embargo, su principal amenaza no está en la oposición, sino en los pasillos del Palacio de Miraflores: el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y otros mandos militares que ven el acercamiento a Washington como un riesgo directo para sus intereses.

Así lo advierte un análisis de la firma de geopolítica Recorded Future, compartido con EFE. "El escenario más probable es que Rodríguez consolide su poder dentro del chavismo y se resista a cualquier intento de adelantar las elecciones", aseguró Geoff Ramsey, experto de la organización. La presidenta interina, que asumió el 5 de enero tras la captura de Maduro por tropas estadounidenses, ha optado por reconfigurar y equilibrar la coalición chavista en lugar de depurarla. Mantiene a figuras cercanas a Cabello en puestos clave e incluso promueve a algunos de sus aliados. Un gesto de supervivencia política.

Los gestos a Washington: petróleo a cambio de oxígeno

En el plano exterior, Rodríguez ha desplegado una estrategia de "cooperación con gestos para salvar apariencias". Ha cumplido las prioridades energéticas de Estados Unidos, permitiendo que empresas estadounidenses participen en la comercialización del petróleo venezolano, mientras busca quedar bien con los leales del PSUV. Donald Trump, que ha sido crítico con el chavismo pero pragmático en el negocio petrolero, ha elogiado a la nueva administración: "Tenemos gente estupenda dirigiendo Venezuela; gente muy buena. La relación es buena, somos socios de Venezuela y hemos recibido cientos de millones de barriles", declaró en una rueda de prensa la semana pasada.

El presidente estadounidense incluso bromeó con postularse a la presidencia venezolana: "La gente de Venezuela dice que si yo me postulara, obtendría en las encuestas un respaldo mayor que el de cualquier otra persona en la historia". Una declaración que, más allá del humor, refleja el giro inesperado en la relación bilateral.

La sombra de Diosdado Cabello y la presión electoral

El principal dolor de cabeza para Rodríguez no es la oposición —fracturada y sin liderazgo claro—, sino el frente interno. "La principal amenaza a corto plazo son otros líderes en el seno del PSUV, especialmente el ministro del Interior, Diosdado Cabello, así como mandos militares y económicos que ven el acercamiento a Estados Unidos como un riesgo directo para sus intereses", señala el informe. Para contenerlos, Rodríguez ha optado por no depurar, sino equilibrar: mantiene a los caballistas en puestos clave, e incluso ha promovido a algunos.

En cuanto a las elecciones, el análisis es claro: Rodríguez resistirá convocar comicios "realmente competitivos", a menos que los beneficios económicos de la relación con EE.UU. mejoren sustancialmente las probabilidades electorales del PSUV. De lo contrario, prolongará su gestión hasta 2031, amparándose en un fallo del Tribunal Supremo de Justicia que declaró la "ausencia forzosa" de Maduro tras su captura. Una jugada que ya utilizó el chavismo en el pasado.

Los gestos de distensión: embajada reabierta y sanciones retiradas

Este mes, la Oficina de Control de Activos del Tesoro de EE.UU. retiró a Delcy Rodríguez de su lista de individuos sancionados, donde había entrado en 2018. Además, el 30 de marzo, Washington reanudó oficialmente las operaciones de su Embajada en Caracas, tras restablecer relaciones diplomáticas rotas en 2019. Son gestos que benefician a Rodríguez, pero que también alimentan las sospechas de sus rivales internos.

La presidenta encargada camina sobre una cuerda floja: por un lado, necesita el petróleo y el reconocimiento de Estados Unidos para oxigenar una economía devastada; por el otro, no puede mostrarse demasiado cercana a Washington sin enfurecer al ala dura del chavismo. Su supervivencia política depende de un equilibrio que, por ahora, logra mantener. Pero cien días son solo el comienzo. La presión interna y las exigencias electorales de EE.UU. podrían convertir este baile en un campo minado. Como dijo el propio Trump: "Tenemos gente estupenda dirigiendo Venezuela". La pregunta es por cuánto tiempo.