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Suiza toma medidas para limitar las adquisiciones de vivienda por ciudadanos extranjeros

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Berna.– El paraíso alpino, conocido por su estabilidad y calidad de vida, ha decidido levantar un muro invisible. El Gobierno suizo presentó este miércoles un paquete de medidas para endurecer las condiciones de compra de vivienda por parte de ciudadanos extranjeros, en un intento por frenar la presión sobre un mercado inmobiliario cada vez más tensionado. La iniciativa, que busca responder a la creciente escasez de vivienda, afectará especialmente a los ciudadanos de países no pertenecientes a la UE o a la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA).

La medida estrella: los compradores de fuera de la UE/EFTA deberán obtener una autorización expresa de las autoridades para adquirir una residencia en Suiza. Y no solo eso: si se trasladan a otro país, estarán obligados a revender la propiedad en un plazo máximo de dos años. Un giro de tuerca que pretende evitar que los extranjeros adquieran viviendas como activos de inversión o segundas residencias, contribuyendo a la especulación.

Más allá de la vivienda: locales comerciales y sociedades inmobiliarias

El endurecimiento no se limita a los hogares. También se restringirá la compra de locales comerciales por parte de extranjeros, que necesitarán autorización si no explotan directamente el establecimiento. No podrán alquilarlos o arrendarlos posteriormente, cerrando así una vía de inversión inmobiliaria indirecta. Asimismo, se limitará la adquisición de viviendas de vacaciones y la participación en sociedades inmobiliarias de vivienda cotizadas en bolsa.

El objetivo es claro: reservar el parque de viviendas para los residentes suizos y frenar la extranjerización del mercado. En un país donde el precio de la vivienda ha subido un 30% en la última década, la presión popular ha sido determinante.

El telón de fondo: la iniciativa "No a una Suiza de 10 millones"

Las medidas no son un capricho del Ejecutivo. Responden a la creciente presión política de la iniciativa popular "No a una Suiza de 10 millones", que será sometida a referéndum el 14 de junio. Esta propuesta, que ha ganado tracción en los últimos meses, reclama restricciones a la inmigración y al derecho de residencia, argumentando que el crecimiento demográfico (Suiza superó recientemente los 9 millones de habitantes) está colapsando la vivienda, el transporte y los servicios públicos.

El propio Gobierno suizo reconoce que sus medidas son una respuesta a esa iniciativa, aunque ha recomendado votar en contra de la propuesta popular. La estrategia es desactivar el malestar ciudadano con reformas proactivas, antes de que el referéndum imponga medidas más drástivas.

Un país en crecimiento frente a vecinos en declive

Mientras Italia y Alemania enfrentan un estancamiento o descenso poblacional, Suiza sigue creciendo a un ritmo moderado gracias a la inmigración cualificada. El país alpino ha sido un imán para trabajadores extranjeros, especialmente en sectores como la banca, la tecnología y la farmacia. Pero ese éxito tiene un precio: la vivienda en ciudades como Zúrich, Ginebra o Basilea se ha vuelto inaccesible para muchos.

Las nuevas restricciones buscan equilibrar la balanza: mantener la inmigración que necesita la economía, pero evitar que los extranjeros compitan en el mercado de la vivienda en condiciones de desigualdad. Los críticos, sin embargo, advierten que las medidas podrían ahuyentar inversiones y reducir la liquidez del mercado.

La paradoja suiza: abierta al mundo, pero con candado en la puerta

Suiza siempre ha sido un país abierto al exterior, con una economía dependiente del talento y el capital extranjeros. Pero la tensión entre globalización y protección del mercado local es cada vez más difícil de gestionar. Las nuevas restricciones a la compra de vivienda son el último síntoma de una sociedad que, aunque próspera, empieza a sentirse desbordada.

El referéndum del 14 de junio será una prueba de fuego. Si la iniciativa "No a una Suiza de 10 millones" triunfa, el país podría adoptar medidas aún más duras. Por ahora, el Gobierno intenta adelantarse: endurece las condiciones para los extranjeros, pero sin cerrar la puerta del todo. La fórmula mágica suiza, basada en el consenso y los equilibrios, se enfrenta a su mayor desafío. Y el mundo observa, porque lo que ocurra en los Alpes podría ser un anticipo de lo que vendrá en otras economías prósperas.