Kabul/Teherán.– El gobierno de facto de los talibanes ha roto su silencio sobre el conflicto en Oriente Medio con un mensaje inesperado. El canciller Amir Khan Muttaqi, el mismo que negoció con Donald Trump la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en 2020, expresó este miércoles su "aplauso" al acercamiento diplomático entre Irán y Estados Unidos. En una llamada telefónica con su homólogo iraní, Seyed Abbas Araghchi, Muttaqi calificó el diálogo como "un paso constructivo" y subrayó la importancia de resolver los problemas mediante la negociación.
El intercambio, confirmado por la Cancillería afgana, se produce en un momento de máxima tensión. La segunda ronda de conversaciones de paz en Islamabad, que debía celebrarse esta semana, sigue estancada después de que Irán se negara a negociar bajo la presión del bloqueo naval estadounidense. Pakistán, el mediador oficial, mantiene cerrada la capital por cuarto día consecutivo, a la espera de una señal que no llega. Mientras tanto, Trump anunció una extensión indefinida del alto el fuego regional, pero sin levantar el cerco marítimo a los puertos iraníes.
De Doha a Islamabad: el mismo actor, otro escenario
La ironía no escapa a los analistas. Muttaqi fue el artífice de los Acuerdos de Doha de 2020, que sellaron la salida de EE.UU. de Afganistán. Ahora, el líder talibán respalda un diálogo entre Washington y Teherán que podría definir el futuro energético del mundo. Pero las circunstancias han cambiado. La Guardia Revolucionaria iraní advirtió este miércoles que está preparada para infligir "golpes demoledores" ante cualquier nueva agresión, mientras informes de medios denuncian ya tres ataques contra buques portacontenedores cerca de las costas de Omán. El fantasma de una guerra abierta en el Golfo sigue más vivo que nunca.
El bloqueo naval y la sombra de la guerra
Trump mantiene su pulso: el bloqueo naval sobre los puertos iraníes continúa, y Teherán lo considera una violación del alto el fuego. La tregua, que expiró sin acuerdo, ha sido extendida de forma indefinida a petición de Pakistán, pero en la práctica la hostilidad no ha cesado. Los ataques a buques en el golfo de Omán, aún no reivindicados, elevan la tensión a niveles críticos. En este contexto, el respaldo de los talibanes a la diplomacia es un gesto simbólico, pero no altera el equilibrio de fuerzas.
El mundo observa. Los talibanes, que alguna vez fueron enemigos jurados de Washington, ahora aplauden sus esfuerzos de paz. Pero en Islamabad, las sillas de los negociadores siguen vacías. Y en el Golfo, los petroleros navegan con miedo. La paz, como las arenas del desierto, se desvanece entre los dedos.