Ginebra/Nairobi.– La onda expansiva del conflicto en Oriente Medio ya ha cruzado el Mediterráneo y el Sahara. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó este miércoles una advertencia escalofriante: las restricciones derivadas de la guerra en Irán tendrán un impacto directo y severo en los sistemas de salud de África, un continente que depende de las importaciones para la gran mayoría de sus productos médicos. "No podemos cuantificar porque la situación está en constante evolución, pero, sin duda, los sistemas de salud no se librarán", declaró Adelheid Onyango, directora de Sistemas y Servicios de Salud de la oficina regional para África de la OMS.
La razón es una cadena de dependencias letales: el bloqueo del estrecho de Ormuz y la guerra han disparado los precios del combustible, y ese encarecimiento se traslada a cada eslabón de la atención sanitaria. "Muchas de nuestras estructuras dependen de generadores para mantener la cadena del frío", explicó Onyango. Sin electricidad estable, las vacunas se echan a perder. Sin diésel, los generadores de los centros de salud rurales se callan. Y sin vacunas, los brotes de sarampión, meningitis y cólera, endémicos en la región, se convierten en epidemias incontrolables.
El poliéster de las mosquiteras y el precio del viaje al hospital
La semana pasada, la agencia de salud pública de la Unión Africana (UA) ya había encendido las alarmas. Las restricciones al comercio están afectando a suministros de materiales clave, como el poliéster necesario para producir mosquiteras, una herramienta fundamental en la lucha contra la malaria, que mata a cientos de miles de africanos cada año. Sin mosquiteras, la enfermedad transmitida por el mosquito Anopheles se cobrará más víctimas.
Pero el problema no es solo la falta de insumos. Yap Boum, responsable adjunto de incidentes de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África), señaló otro desafío: "Si el paciente no puede desplazarse al centro de salud (por los altos precios del combustible), es un problema". En un continente donde muchas comunidades rurales ya caminan kilómetros para recibir atención, el aumento del costo del transporte público o de la gasolina para ambulancias significa que miles de enfermos simplemente no llegarán. Partos complicados, infecciones graves, enfermedades crónicas: todo se agrava cuando la gasolina es inaccesible.
Gobiernos africanos contra la pared: fijar precios o dejar morir
Ante esta tormenta perfecta, numerosos gobiernos africanos han comenzado a aplicar medidas desesperadas: fijar los precios del combustible, reducir impuestos a los hidrocarburos o subsidiar el transporte. Pero estas son curas paliativas. Las economías africanas son extremadamente vulnerables a las crisis globales: dependen de los mercados extranjeros, sufren la volatilidad de sus monedas, carecen de infraestructuras y están ahogadas en deuda. Un aumento del 20% en el precio del combustible puede traducirse en un recorte del 30% en los presupuestos de salud, porque el dinero se desvía a los subsidios energéticos.
La OMS aún no puede cuantificar el impacto exacto, pero los síntomas ya son visibles. En Nigeria, los centros de salud han reportado escasez de vacunas por la demora en los envíos. En Kenia, el costo de la consulta ambulatoria ha subido un 15% en las últimas semanas. En Sudán del Sur, el programa de desparasitación escolar se ha suspendido por falta de combustible para los vehículos de distribución. La guerra en Irán, a miles de kilómetros, se siente en cada jeringa que no llega, en cada mosquito que pica sin red, en cada madre que no puede pagar el viaje al hospital.
Un continente que paga el precio de un conflicto que no es suyo
La paradoja es cruel: África apenas tiene responsabilidad en las tensiones geopolíticas del Golfo Pérsico, pero sufre sus consecuencias de manera desproporcionada. La OMS ha pedido a la comunidad internacional que no olvide el continente en sus planes de ayuda humanitaria. "Mientras dependamos de productos importados, habrá interferencias", resumió Onyango. La solución a largo plazo pasa por la producción local de medicamentos, vacunas y equipos médicos, pero eso requiere inversiones que ningún gobierno africano puede hacer ahora, con las arcas vacías por la crisis.
Mientras los diplomáticos negocian en Washington y Pakistán, y los buques de guerra patrullan el Golfo, en un centro de salud rural de Malaui un generador se para porque no hay diésel. Las vacunas contra el sarampión se calientan y se arrojan a la basura. A diez kilómetros, una mujer con complicaciones en el parto no encuentra transporte. La guerra en Irán ya ha llegado a África. Y sus víctimas, anónimas y lejanas, se contarán por miles. La OMS ha alzado la voz. Ahora falta que el mundo la escuche.