Nueva York.– Hay momentos en que los mercados financieros parecen vivir en un universo paralelo. Este miércoles, el S&P 500 cerró en 7.022 puntos, un 0,8% al alza, superando su máximo de enero y borrando cualquier recuerdo de la corrección de marzo. El Nasdaq Composite, impulsado por la fiebre de la inteligencia artificial, se disparó un 1,6% hasta superar los 24.000 puntos, también récord. Solo el Dow Jones, más ligado a la economía tradicional, cedió un 0,15%. Todo esto ocurre mientras el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, el petróleo se mantiene por encima de los 90 dólares y el Fondo Monetario Internacional acaba de recortar sus previsiones de crecimiento global del 3,3% al 3,1% para 2026.
La desconexión es asombrosa. Los inversores parecen haber decidido que la guerra en Oriente Medio será corta, que la diplomacia de Donald Trump logrará un alto el fuego y que la inteligencia artificial seguirá empujando los beneficios empresariales. "Si damos por hecho un fin relativamente rápido de las hostilidades y la reanudación de los envíos de petróleo, el daño económico debería ser limitado", explica Alan McIntosh, director de inversiones de Quilter Cheviot Europe.
El péndulo geopolítico y la resiliencia del mercado
El bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes, que entró en pleno vigor el lunes, ya ha disuadido a diez buques. El tránsito por Ormuz se ha desplomado. Irán mantiene el estrecho cerrado a los buques de Estados Unidos, Israel y sus aliados. El Brent ronda los 96,5 dólares y el WTI los 92,5, niveles que alimentan la inflación y llevaron al FMI a advertir de que un conflicto prolongado podría empeorar aún más el panorama. Pero Wall Street no tiembla.
¿Por qué? Los analistas apuntan a varios factores. Primero, las expectativas de una segunda ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán, que Trump ha insinuado podría ocurrir "en los próximos días". Segundo, la fortaleza del tejido empresarial estadounidense: las previsiones de beneficios para el primer trimestre del S&P 500 superan los 605.000 millones de dólares, por encima de lo estimado. Los bancos han reportado consumidores sólidos y una cartera de operaciones corporativas saneada. Y tercero, el impulso imparable de la IA. "El Nasdaq lidera la carga, y no hay señales de desaceleración en la inversión en inteligencia artificial", añade McIntosh.
Lecciones del pasado: las guerras no matan los rallies
La historia también juega a favor de los alcistas. Durante la guerra de Irak de 2003, el S&P 500 subió más de un 25% en el primer año completo tras la invasión. En la guerra del Golfo de 1990-1991, el índice cayó un 11% inicialmente, pero luego se recuperó con fuerza tras la rápida victoria de la coalición. Patrones similares se observaron en Corea y Vietnam: los mercados sufren al principio, pero a largo plazo suelen premiar la resolución de los conflictos. Según datos del Royal Bank of Canada, las acciones subieron en el primer año de hostilidades en alrededor del 60% de las ocasiones.
Wall Street, pues, está descontando un escenario de "conflicto corto y diplomacia efectiva". Las empresas de defensa también se benefician, con los presupuestos militares al alza. Pero el riesgo persiste: si las negociaciones fracasan y la guerra se prolonga, el petróleo podría dispararse de nuevo y la inflación erosionar los beneficios. Por ahora, los inversores prefieren mirar el vaso medio lleno. El S&P 500 acumula un avance del 11% desde su suelo de marzo. La inteligencia artificial, la fortaleza empresarial y la esperanza de paz son el cóctel que ha llevado a los índices a territorio inexplorado. El mundo sigue ardiendo, pero Wall Street baila al son de otra música. Al menos, por ahora.