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Vladimir Putin admite problemas en el mercado de combustible ruso y reconoce "inconvenientes" para la población

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El presidente ruso, Vladimir Putin, ha reconocido este domingo que la situación en el mercado de combustible está generando "ciertos inconvenientes" para la población, aunque ha insistido en que el Gobierno mantiene el control y está trabajando para resolver los problemas derivados de los ataques ucranianos contra la infraestructura petrolera. En una entrevista difundida por la televisión estatal, el mandatario confirmó que se ha reunido con el primer ministro, Mijaíl Mishustin, para abordar la crisis, y que se ha creado una comisión especial para supervisar la situación.

"Si bien no se han resuelto todos los problemas, se está trabajando en ello. El primer ministro está supervisando la situación", afirmó Putin, en un tono que contrasta con sus declaraciones anteriores, cuando minimizaba el impacto de los bombardeos ucranianos.

La admisión llega en un momento crítico. Las autoridades rusas han reconocido que el país atraviesa la "segunda fase" de una crisis de combustible, agravada por la intensificación de los ataques con drones de Ucrania contra refinerías y depósitos. Esta semana, al menos dos redes de gasolineras han vuelto a restringir las ventas de combustible en Moscú, y el ministro de Energía, Serguéi Tsiviliov, ha admitido que se están formando nuevamente colas en los surtidores.

Para hacer frente a la escasez, el Gobierno ruso ha autorizado la venta de gasolina Euro-2, un combustible de calidad inferior a los estándares habituales, en un intento por aliviar la presión sobre el mercado. Esta medida refleja la gravedad de una situación que Putin, hasta ahora, había tratado de restar importancia. "Estos ataques no tienen consecuencias graves, nunca las han tenido ni las tendrán", declaró el presidente, aunque a renglón seguido admitió que "perjudican" a la economía nacional.

La crisis energética se suma a los problemas económicos que enfrenta Rusia, con un déficit presupuestario creciente y una inflación que golpea a los hogares. Mientras los ataques ucranianos siguen afectando la infraestructura crítica, Moscú busca equilibrar el discurso de estabilidad con la realidad de un mercado que se resiente cada vez más.