El presidente estadounidense afirma que no quiere una "pérdida de tiempo", tras conocer la oposición de Moscú a su propuesta de cesar las hostilidades. La cancelación alivia a los aliados europeos, que temen que Rusia use la diplomacia para ganar tiempo en el campo de batalla
En un giro significativo de su estrategia diplomática, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, suspendió este martes su plan para una reunión en Budapest con el líder ruso, Vladímir Putin, argumentando que no quiere tener un "desperdicio de reunión". La decisión se produce tras la negativa pública de Moscú a aceptar un alto el fuego inmediato en Ucrania, la pieza central de la propuesta que Trump había anunciado la semana pasada.
La cancelación se gestó después de una llamada telefónica entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. "No quiero caer en lo que sería una pérdida de tiempo, así que veremos qué pasa", declaró Trump a los periodistas, reflejando la falta de terreno común para un avance.
Moscú cierra la puerta y pide "preparación seria"
Desde el Kremlin, las señales fueron igualmente frías. Lavrov había dejado claro horas antes que Rusia se opone al alto el fuego inmediato propuesto por Trump, argumentando que contravendría lo acordado por ambos mandatarios en su último encuentro en Alaska, en agosto. El portavoz presidencial, Dmitry Peskov, respaldó esta postura, afirmando que para una nueva cumbre "se necesita preparación, una preparación seria". La postura rusa dejó claro que no había prisa por sentarse de nuevo a la mesa.
Este cambio de planes es recibido con alivio por los líderes europeos, quienes ven con recelo la diplomacia de Putin, a la que acusan de ser una táctica para ganar tiempo y consolidar sus ganancias territoriales en el campo de batalla. Líderes como el británico Keir Starmer, el francés Emmanuel Macron y el alemán Friedrich Merz han reiterado su oposición a presionar a Ucrania para que ceda territorio a cambio de la paz, una idea que el propio Trump ha sopesado en varias ocasiones.
Zelenski presiona por armas de largo alcance
Mientras la diplomacia se estanca, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, intenta recuperar la iniciativa. En un mensaje publicado en Telegram, Zelenski vinculó directamente la breve apertura diplomática de la semana pasada con la posibilidad de que Estados Unidos aprobara la entrega de misiles Tomahawk de largo alcance. "Tan pronto como la presión se relajó un poco, los rusos comenzaron a tratar de abandonar la diplomacia", afirmó el mandatario ucraniano, insistiendo en que "sólo la presión conducirá a la paz".
La posición de la Casa Blanca, sin embargo, ha sido volátil. Trump ha oscilado durante meses entre presionar a Ucrania para que haga concesiones territoriales y sugerir que podría recuperar todo su territorio perdido. Tras su última llamada con Putin y un encuentro con Zelenski, el presidente estadounidense volvió a cambiar de postura, instando a ambas partes a que "se paren donde están". No obstante, el domingo sugirió que la región del Donbás debería ser "troceada", una idea inaceptable para Kiev.
Con la cumbre Trump-Putin descartada por ahora, el foco se desplaza hacia la reunión que Trump mantendrá este miércoles con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en un contexto donde la alianza sigue siendo el pilar del apoyo militar a Ucrania. La incertidumbre sobre la estrategia final de Washington persiste, dejando a Ucrania y a sus aliados en vilo sobre el siguiente movimiento del inquieto inquilino de la Casa Blanca.