Irán ha dejado claro que no aceptará que Estados Unidos marque el compás del conflicto ni el momento de un eventual alto el fuego, en un contexto de cuatro noches consecutivas sin intercambios de fuego que han reavivado la esperanza de una mediación —liderada por Qatar y Pakistán— para rescatar el acuerdo provisional roto entre ambas potencias.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, afirmó este lunes en su rueda de prensa semanal que "no permitiremos que Estados Unidos determine el momento de la guerra y de la paz". Subrayó que cualquier decisión sobre futuros diálogos se basará exclusivamente en los intereses nacionales de la República Islámica, y que Teherán mantendrá su defensa "todo el tiempo que sea necesario". En declaraciones a la televisión pública austríaca ORF, Baghaei reconoció que ambos países siguen intercambiando mensajes, pero advirtió que los ataques militares de Washington han destruido las condiciones para unas negociaciones significativas, y que la prioridad inmediata de Irán es proteger su soberanía e integridad territorial.
Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró a la prensa que Irán había solicitado abrir conversaciones "a través de intermediarios y directamente", y que la presión militar ejercida ha llevado a Teherán a mostrar disposición negociadora. "Estamos manteniendo conversaciones profundas con Irán", aseguró Trump, aunque advirtió que, si fracasan, "volveremos a una operación militar a gran escala". El mandatario afirmó haber respondido positivamente a las peticiones de los mediadores para dar una nueva oportunidad a la diplomacia, pero insistió en que no permitirá que los diálogos se prolonguen indefinidamente.
El estrecho de Ormuz, el escollo clave
A pesar del renovado impulso diplomático, la crisis en el estrecho de Ormuz sigue sin resolverse. Baghaei confirmó que continúan las conversaciones con Omán sobre la gestión de esta vía marítima estratégica, aunque subrayó que son estrictamente bilaterales y no están vinculadas a Estados Unidos. "El estrecho de Ormuz sigue cerrado", afirmó, mientras el vicepresidente del Parlamento iraní, Haji Babaii, insistió en que cualquier acuerdo con Omán no debe chocar con la soberanía iraní y que Washington debe mantenerse al margen.
El control de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba cerca de una quinta parte del petróleo y gas comercializados en el mundo, sigue siendo el principal obstáculo para un entendimiento. Irán sostiene que ejerce autoridad soberana sobre el paso y que puede fijar rutas autorizadas, una posición que Estados Unidos, los países del Golfo y la mayoría de la comunidad internacional rechazan al amparo de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), que Teherán ha firmado pero no ratificado.
Escalada en el golfo y presión económica
La tensión no se limita a las palabras. La Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber interceptado seis embarcaciones que intentaban transitar por rutas no autorizadas, obligándolas a retirarse tras disparos de advertencia. El cuartel general central Khatam al Anbiya acusó a Estados Unidos de imponer un bloqueo naval ilegal mediante amenazas a buques comerciales y petroleros iraníes. Por su parte, el Mando Central de EE.UU. (CENTCOM) informó de que ha desviado 17 buques mercantes, inmovilizado otros dos y abordado dos barcos para hacer cumplir las restricciones marítimas.
Mientras tanto, los mercados petroleros han reaccionado con cautela a la pausa en los ataques, con el crudo Brent descendiendo tras alcanzar la semana pasada sus máximos de dos meses. Sin embargo, la tregua militar no ha aliviado la presión interna en Irán, que enfrenta cortes de electricidad, desabastecimiento de combustible, inflación y pérdida de poder adquisitivo. Un reportaje de Euronews documenta cómo muchas familias iraníes han tenido que recortar incluso la compra de fruta, pese a que el país es uno de los mayores productores de la región.
Los hutíes reavivan el frente regional
En paralelo, las fuerzas hutíes respaldadas por Irán han intensificado sus ataques contra infraestructuras petroleras saudíes y la navegación en el mar Rojo, con ofensivas dirigidas a instalaciones en Jizan y Yanbu, mientras Arabia Saudí ha respondido con bombardeos aéreos en todo Yemen. El tráfico comercial a través del estrecho de Bab el Mandeb, que canaliza alrededor del 12% del comercio marítimo mundial, se ha ralentizado drásticamente mientras las aseguradoras reevalúan los riesgos.
Pese a un acuerdo alcanzado en mayo de 2025 entre Estados Unidos y los hutíes para detener los ataques contra buques vinculados a Washington, el grupo no ha cesado sus ofensivas contra objetivos saudíes y de otros países del Golfo. Trump advirtió que Estados Unidos no participa actualmente en operaciones contra los hutíes, pero que podría intervenir si el grupo se convierte en "un problema".
Con el frente diplomático abierto pero frágil, y la tensión militar latente en el Golfo y el mar Rojo, la región se mantiene en vilo a la espera de que la mediación logre desbloquear un acuerdo que parece cada vez más lejano mientras el estrecho de Ormuz sigue cerrado y la presión económica aprieta en Teherán.