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Once países de la UE, entre ellos España, Francia y Alemania, exigen poner fin al veto en política exterior para desbloquear la acción del bloque
Desarrollo:
Un grupo de once países de la Unión Europea, liderado por Alemania y con el respaldo de España, Francia y los Países Bajos, ha elevado una petición sin precedentes para reformar el sistema de toma de decisiones en política exterior, con el objetivo de limitar el poder de veto que, en los últimos años, ha paralizado repetidamente la acción común del bloque. En una carta dirigida a la alta representante Kaja Kallas y a la que ha tenido acceso Euronews, los firmantes advierten de que la actual cultura de consenso, aunque valiosa en términos de legitimidad, se ha convertido en un freno que impide a la UE responder con rapidez y eficacia a un mundo cada vez más inestable y competitivo.
«La cultura de consenso de la Unión es una fuente importante de su legitimidad. Por ello, seguimos esforzándonos por alcanzar consensos siempre que sea posible», señala el documento, suscrito por Austria, Dinamarca, Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania, Luxemburgo, Países Bajos, Rumanía, España y Suecia. «Pero también debemos garantizar que esta cultura de consenso fomente la acción común en lugar de impedirla, de lo contrario tendremos legitimidad pero no fuerza», añaden los firmantes, que alertan de que el panorama internacional —marcado por la competencia estratégica, la inestabilidad y los intentos de socavar el orden basado en normas— exige una capacidad de movilización política, económica y diplomática que la unanimidad actual no permite.
El legado de Orbán y el desgaste del veto
El debate sobre el veto en política exterior cobró especial relevancia durante los 16 años de Viktor Orbán al frente de Hungría. Antes de perder el poder en abril, el primer ministro húngaro utilizó su capacidad de bloqueo en múltiples ocasiones para conseguir concesiones y paralizar decisiones clave, como el préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania, que fue bloqueado por una disputa no relacionada con Kiev sobre el oleoducto Druzhba. Esas experiencias han impulsado a los once países a proponer un cambio estructural.
Cinco principios para una política exterior más ágil
La carta expone cinco principios que, según los firmantes, deberían orientar y mejorar la política exterior común:
- Defender los principios de cooperación leal y solidaridad mutua.
- Aumentar el uso de abstenciones constructivas para sustituir los vetos.
- Abstenerse de vincular decisiones de política exterior a cuestiones «sustancialmente no relacionadas».
- Explorar las opciones dentro de los tratados de la UE para pasar de la unanimidad a la mayoría cualificada.
- Aportar «razones vitales fundamentadas» para bloquear dicho cambio.
«El marco jurídico para los cinco principios ya está en vigor. Depende únicamente de nosotros ponerlos en práctica y avanzar así en nuestra política exterior», señala el documento, que insta a una consulta «significativa» para abordar posibles disputas y alcanzar un compromiso.
El dilema de la cláusula pasarela y la ventana de oportunidad
La reforma propuesta pasa por activar la denominada «cláusula pasarela» del artículo 31 de los tratados europeos, que permitiría pasar de la unanimidad a la votación por mayoría cualificada en política exterior. Sin embargo, esta cláusula presenta una paradoja: su activación requiere, precisamente, unanimidad, lo que en la práctica otorga a los países reticentes un poder de bloqueo absoluto. A pesar de ello, los firmantes confían en que la derrota de Orbán abre una ventana de oportunidad que podría cerrarse si figuras euroescépticas como Marine Le Pen, que aspira a la presidencia francesa, ganan terreno.
En paralelo, Alemania y Francia han diseñado un plan que reforzaría el papel de la alta representante, Kaja Kallas, pero la situaría bajo la supervisión directa de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un intento de dotar a la diplomacia comunitaria de mayor coherencia y capacidad de ejecución. La propuesta, que ya ha generado un intenso debate entre los Estados miembros, podría marcar un antes y un después en la política exterior de la UE si logra superar los escollos legales y políticos que la rodean.