Teherán.– El pulso en el Golfo Pérsico entró en una fase de peligrosa ebullición. La Guardia Revolucionaria iraní lanzó este martes una advertencia sin precedentes a Estados Unidos: si Donald Trump cumple su amenaza de bombardear centrales eléctricas y puentes en Irán, la respuesta de Teherán no se limitará a Oriente Medio. “Actuaremos contra las infraestructuras de Estados Unidos y sus socios de manera que Washington y sus aliados queden privados durante años del petróleo y el gas de la región”, advirtió el cuerpo de élite en un comunicado recogido por la agencia Fars.
La declaración se produce a pocas horas de que expire el ultimátum de Trump: Irán debe reabrir el estrecho de Ormuz antes de las 20:00 hora de Washington (00:00 GMT del miércoles) o enfrentará la destrucción de todas sus plantas eléctricas y puentes. “Si el Ejército terrorista estadounidense cruza las líneas rojas, no dudaremos en responder de forma recíproca a sus viles agresiones contra instalaciones civiles”, enfatizó la Guardia.
“Hasta ahora mostramos contención, pero todas las consideraciones han sido eliminadas”
El comunicado iraní contiene un párrafo especialmente inquietante: la Guardia Revolucionaria asegura que, por “buena vecindad”, había mostrado “una gran contención” para atacar infraestructuras civiles en países de Oriente Medio vinculados a Estados Unidos. Sin embargo, advierte que “a partir de ahora, todas esas consideraciones han sido eliminadas”.
La afirmación es una amenaza velada a naciones como Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait o Arabia Saudí, donde Estados Unidos mantiene bases militares e instalaciones estratégicas. En las últimas semanas, Irán ya ha lanzado misiles y drones contra objetivos en esos países en represalia por los ataques estadounidenses e israelíes, pero siempre había alegrado que se trataba de objetivos militares. Ahora, la Guardia sugiere que cualquier infraestructura —civil o militar— de los aliados de Washington es un blanco legítimo.
El estrecho de Ormuz, el talón de Aquiles global
La crisis se desencadenó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron una guerra contra Irán. Teherán respondió bloqueando el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, permitiendo el paso solo a buques de países considerados amigos (como China). El resultado ha sido un aumento del 65% en el precio del crudo, una inflación galopante y el temor a una recesión global.
Trump ha hecho de la reapertura del estrecho su principal condición para un alto el fuego. Irán, por su parte, exige el fin definitivo de la guerra y garantías de no agresión. En las últimas horas, mediadores paquistaníes, egipcios y turcos han tratado de acercar posiciones, pero la brecha sigue siendo abismal.
El mundo, ante el precipicio
La advertencia de la Guardia Revolucionaria eleva la tensión a un nivel desconocido desde la Guerra del Golfo de 1991. “Privar a Estados Unidos y sus aliados del petróleo y el gas de la región durante años” no es una amenaza retórica: implicaría atacar infraestructuras energéticas en Arabia Saudí, EAU o Kuwait, lo que provocaría un colapso de los mercados globales y una crisis humanitaria de proporciones bíblicas.
Mientras tanto, en la isla iraní de Jarg —el corazón petrolero de Irán— ya han caído los primeros misiles estadounidenses e israelíes. El reloj marca las 18:00 en Washington. Faltan dos horas para el ultimátum. El mundo contiene la respiración. Porque lo que está en juego no es solo el destino de Irán o Estados Unidos, sino la estabilidad energética y económica de todo el planeta. Y como advierte la Guardia Revolucionaria, si hay ataque a puentes y plantas eléctricas, la respuesta iraní “irá más allá de la región”. Un eufemismo que, en la jerga diplomática, significa una cosa: guerra total.