La economía china ofrece un cuadro de contrastes cada vez más pronunciado. La producción industrial volvió a superar las previsiones en mayo, con un crecimiento interanual del 4,5 % (0,4 puntos más que en abril), impulsada sobre todo por el sector de electricidad, calefacción, gas y agua (+7,6 %), seguido por la manufactura (+4,4 %) y la minería (+2,3 %). En el acumulado hasta mayo, el crecimiento industrial alcanza el 5,4 %.
Pero el lado oscuro llegó por el consumo. Las ventas minoristas registraron su primera caída en tres años y medio, con un descenso del 0,6 % en mayo, cuando los analistas esperaban al menos un empate a cero. La pérdida de confianza de los consumidores se convierte en un lastre creciente.
La inversión en activos fijos tampoco ayuda: amplió su caída al 4,1 % en los primeros cinco meses del año, frente al 1,6 % de abril. El sector inmobiliario, como viene siendo habitual, ejerce de freno estructural con un desplome del 16,2 % en inversión, y las ventas comerciales de viviendas nuevas (medidas en superficie) cayeron un 10,8 % interanual hasta mayo, ampliando el descenso en 0,6 puntos.
Solo la inversión en infraestructura resiste con un leve crecimiento del 0,6 %. La manufactura, por su parte, ya no aguanta el tirón y cae un 0,4 %. En medio de este panorama, la tasa de desempleo en zonas urbanas sorprendió a la baja, situándose en el 5,1 % (frente al 5,2 % anterior).
El diagnóstico es claro: la fábrica sigue rugiendo, pero el bolsillo se encoge y la inversión se frena. La economía china navega en aguas turbulentas, con un sector productivo que aún se sostiene, pero con un consumidor que se repliega y un sector inmobiliario que no termina de tocar fondo.