El Ministerio del Interior de Rusia ha prohibido la entrada al país a unos 200.000 extranjeros que infringieron las leyes rusas, según anunció este jueves el jefe del Servicio de Migración de dicho departamento, Andréi Kikot, durante una reunión con el presidente Vladímir Putin. La cifra exacta de vetos asciende a 197.000 personas, precisó el funcionario, quien enmarcó estas medidas en el contexto de la "labor preventiva" que desarrollan las unidades migratorias.
"Como parte de nuestra labor preventiva, nuestras unidades han prohibido la entrada a unos 200.000 —para ser exactos, 197.000— extranjeros que han cometido delitos e infringido las leyes en este país", declaró Kikot en el encuentro con el mandatario ruso. El jefe del Servicio de Migración también informó de un aumento significativo en el número de expulsiones: las deportaciones de ciudadanos extranjeros se han incrementado en un 85 %, con aproximadamente 100.000 personas deportadas, de las cuales 75.000 fueron expulsadas por la fuerza.
Estas cifras reflejan el endurecimiento de la política migratoria rusa en los últimos meses, en un contexto de creciente control sobre la población extranjera y de aplicación estricta de las normativas de entrada y permanencia en el país. Las autoridades rusas han intensificado las medidas coercitivas contra quienes incumplen la legislación, combinando la prohibición de entrada con deportaciones masivas, muchas de ellas ejecutadas de forma forzosa.