La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha encendido todas las alarmas tras revelar este martes que el nivel de contaminación del agua que consume la población de Gaza —y que solo llega al territorio mediante camiones cisterna— ha aumentado hasta el 20 %, según el análisis de más de 6.500 muestras. La situación, agravada por el próximo inicio de la temporada de lluvias, podría convertirse en el caldo de cultivo perfecto para la propagación de enfermedades y brotes epidémicos.
«No creo que sea necesario ser un experto en salud pública o un epidemiólogo, como yo, para entender lo que se avecina», advirtió desde Gaza la representante de la OMS en Palestina, Reinhiulde Van De Weerdt. La funcionaria explicó que las lluvias, en las actuales circunstancias, inundarán las tiendas de campaña donde viven hacinados los gazatíes, «propagarán las aguas residuales, la basura y el agua contaminada hacia los lugares donde la gente duerme y cocina». El agua estancada, añadió, provocará además la proliferación de mosquitos y otras plagas.
El suministro mediante camiones cisterna, señaló Van De Weerdt, «es algo a lo que estamos acostumbrados a recurrir después de un desastre o una crisis, pero resulta inaceptable que en Gaza, casi tres años después (de la reanudación del conflicto con Israel), estos camiones cisterna sigan siendo de lo que depende la mayoría de gente». La consecuencia más visible de esta crisis es el aumento de los casos de diarrea aguda, que casi se han duplicado entre marzo (27.000) y agosto (48.000), coincidiendo con el incremento de la contaminación del agua.
La representante de la OMS insistió en que esta degradación de la salud pública se puede evitar si se actúa de inmediato, aumentando el número de alojamientos permanentes y garantizando un suministro sostenible de agua. Sin embargo, denunció que Israel no permite la entrada a Gaza de suministros de laboratorio y diagnóstico necesarios para identificar los virus y bacterias que circulan, lo que impide actuar con rapidez para prevenir un brote epidémico.
Van De Weerdt también lamentó que desde hace más de dos años no se permita la entrada de ningún equipo protésico o de rehabilitación —como prótesis de rodilla, pies y manos, calzado médico, materias primas para adaptaciones personalizadas, equipos de fisioterapia, cintas de correr o bicicletas estáticas—, en una situación donde 6.600 personas en Gaza los necesitan, 4.600 de ellas por amputación de una o más extremidades. La combinación de agua contaminada, hacinamiento, falta de suministros médicos y la inminente llegada de las lluvias dibuja un escenario humanitario y sanitario que, según la OMS, podría ser catastrófico si no se toman medidas urgentes.