La epidemia de ébola que asola el este de la República Democrática del Congo se ha convertido en la segunda con mayor número de casos confirmados desde que se tienen registros. Según el último boletín del Ministerio de Comunicación congoleño, actualizado a 29 de julio, el brote declarado el pasado 15 de mayo acumula ya 3.532 infecciones y 1.556 muertes, lo que sitúa la tasa de letalidad en el 44,1 %. Con estas cifras, supera los 3.481 contagios de la epidemia que golpeó la misma región entre 2018 y 2020 (2.299 fallecidos), aunque aún queda lejos de los 11.000 muertos y 28.000 casos del peor brote histórico, el que asoló África Occidental entre 2014 y 2016.
En la actualidad, 807 pacientes permanecen en aislamiento u hospitalización, mientras que 626 personas han logrado recuperarse. La tasa de rastreo de contactos se sitúa en el 78,7 %, una cifra que las autoridades consideran insuficiente y que ha llevado a reforzar las medidas de vigilancia en los puntos de entrada y control, donde se sensibiliza y detecta a los viajeros, y se promueven testimonios de recuperación para animar a la población a adoptar medidas de protección.
El brote afecta hasta ahora a cinco provincias congoleñas: Ituri —el epicentro—, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uele (todas en el este) y Tshopo, en el centro-norte. La epidemia, que nació en la provincia de Ituri, fronteriza con Sudán del Sur y Uganda, se extendió rápidamente a este último país, donde dejó 20 contagios confirmados —15 de ellos importados de la RDC— y dos fallecimientos. Uganda, sin embargo, dio de alta a su último paciente el 16 de julio y se declaró libre de ébola el 28 de julio, tras 42 días sin nuevos casos.
La cepa responsable es la de Bundibugyo, con una tasa de letalidad que oscila entre el 30 % y el 50 %, y para la que no existe vacuna autorizada ni tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que califica el riesgo de expansión en África subsahariana como "alto" y "bajo" a nivel global. Este es el decimoséptimo brote de ébola que afecta a la RDC y, según la OMS, el de crecimiento más rápido desde su declaración.
El virus se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados, y provoca fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas. La comunidad internacional mantiene la atención puesta en una región que ya ha sufrido demasiadas crisis sanitarias, mientras las autoridades congoleñas luchan contrarreloj para contener una epidemia que no da tregua.