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Gaza intenta exhumar miles de cadáveres pese al veto israelí a la entrada de maquinaria

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Gaza, Palestina. – Más de ocho meses después del bombardeo israelí que destruyó una vivienda multifamiliar en la ciudad de Gaza el 9 de octubre de 2025, los equipos de rescate han podido, por fin, comenzar a recuperar los cuerpos de ocho víctimas que permanecían sepultadas bajo los escombros. La operación, que se realiza con maquinaria pesada alquilada gracias a la mediación de la Cruz Roja, pone de manifiesto la magnitud de la tragedia humanitaria que enfrenta la Franja, donde miles de cadáveres continúan sin ser recuperados.

«Fue un ataque directo. Algunas personas fueron rescatadas, otros cuerpos recuperados, pero ocho víctimas —niños, mujeres y hombres— permanecen bajo los escombros», declaró a EFE el portavoz de la Defensa Civil gazatí, Mahmud Basal, frente al amasijo de cemento y hierros que queda de la vivienda.

Miles de cuerpos aún sepultados en una Gaza ocupada

Según Basal, miles de cuerpos más siguen sin poder ser recuperados en las zonas militarmente ocupadas por Israel, «al este de la línea amarilla, tanto en Rafah como en el norte de la Franja», donde ningún palestino puede acceder sin poner en riesgo su vida. El Ministerio de Sanidad gazatí, que ha documentado más de 73.050 muertes desde el inicio de la ofensiva israelí, estima que unos 7.500 cuerpos siguen sepultados. Cada día que pasa, la posibilidad de que sean identificados por sus familiares —ante la falta de tecnología forense— se reduce drásticamente.

La prohibición israelí de maquinaria pesada: una barrera infranqueable

El gobierno israelí mantiene una prohibición casi total sobre la entrada de materiales de reconstrucción y maquinaria pesada a la Franja, una política que las organizaciones internacionales califican de «arbitraria». Incluso cuando el COGAT (el brazo militar israelí que gestiona los asuntos civiles en los territorios ocupados) aprueba excepcionalmente la entrada de equipos, las ONG deben detallar de antemano cada uso, lo que prácticamente descalifica a la Defensa Civil del gobierno de Hamás.

Basal reconoce que carecen de excavadoras, topadoras y cualquier tipo de maquinaria pesada. «Todo fue destruido al comienzo de la guerra», afirma. Actualmente, la Defensa Civil opera con una cargadora de ruedas y una excavadora alquiladas a través de la Cruz Roja, específicamente para labores de búsqueda y recuperación. Sin embargo, la excavadora ya se ha averiado y, según un ingeniero, necesita aceite —otro de los bienes limitados en Gaza debido a la política israelí de denegación bajo el pretexto de «doble uso»—. «No hay aceite disponible. Se necesita combustible, y el combustible escasea. Se necesita mantenimiento y no hay piezas de repuesto», enumera el funcionario.

Mohamed, un superviviente que espera enterrar a los suyos

Mohamed Ghaboun, de 12 años, observa los trabajos de descombro a poca distancia de los operarios. Es uno de los pocos supervivientes del bombardeo que mató a dieciséis miembros de su familia, según detalló entonces el canal Al Jazeera. «Éramos 25 personas. Nos despertamos como cualquier otro día durante la guerra y, de repente, me encontré atrapado bajo los escombros y el polvo. No tenían motivo para bombardearnos, la vida ya era difícil», relata a EFE. Fue rescatado al día siguiente.

Hoy, el niño confiesa una mezcla de emociones: «Emoción porque por fin rescatarán a mi familia de entre los escombros, pero, al mismo tiempo, mi corazón está lleno de dolor. Me preparo para enterrar a mi familia, como tantas otras han enterrado a sus seres queridos». En su rostro y manos aún se ven diminutas incrustaciones negras, casi como lunares, a causa de la metralla.

Un futuro incierto para los cuerpos y la memoria de Gaza

Aunque la Defensa Civil ha diseñado un plan que, en tres meses, podría rescatar a muchas de las víctimas si se les permitiera usar el equipo ofrecido a organizaciones internacionales, Basal advierte: «Si continuamos así, estamos hablando de años». La lentitud de las operaciones, la escasez de recursos y las restricciones israelíes convierten la recuperación de los cuerpos en una carrera contra el tiempo, mientras Gaza sigue siendo un cementerio al aire libre donde miles de familias esperan poder dar sepultura a sus seres queridos y cerrar, aunque sea de manera tardía, un ciclo de dolor que no termina.