La Habana, Cuba. – Los hoteles y playas de Varadero vacíos, las callejuelas de La Habana Vieja sin turistas y los vuelos internacionales prácticamente paralizados son la imagen más cruda del colapso del turismo en la isla, un sector que, más allá de las cifras macroeconómicas, está golpeando con dureza a decenas de miles de trabajadores y sus familias, en un contexto de creciente presión estadounidense y crisis energética.
El turismo, una de las tres principales fuentes de divisas para Cuba, ya venía en crisis desde la pandemia de covid-19, pero el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos desde enero de 2026 ha terminado por demoler el sector. La falta de combustible ha paralizado la llegada de vuelos y la amenaza de sanciones secundarias ha provocado la salida de cadenas hoteleras internacionales que operaban en la isla.
Cifras récord de caída
Según datos oficiales, Cuba recibió entre enero y mayo de 2026 apenas 359.491 turistas internacionales, un 58% menos que en el mismo período del año anterior, que ya había sido el peor en más de dos décadas (excluyendo los años de la pandemia). El economista Ricardo Torres, investigador invitado en American University, señala que «cerca de un tercio del inventario hotelero nacional» y «casi la mitad de las habitaciones bajo gestión extranjera» se han visto afectadas por la salida total o parcial de cadenas como la española Meliá e Iberostar, la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipiélago International, entre otras.
Entre 20.000 y 30.000 trabajadores afectados
Torres estima que el número de trabajadores directamente afectados por el desplome del sector «oscila entre 20.000 y 30.000». El economista subraya que «conviene hablar de trabajadores afectados, no necesariamente despedidos», ya que la legislación laboral cubana contempla la figura del trabajador «interrupto» y prioriza su reubicación. El Decreto 149/2026 permite pagar una garantía equivalente al 60% del salario básico diario desde el segundo mes de interrupción, aunque Torres advierte que estas garantías se calculan sobre el salario formal, que en el turismo «suele representar solo una parte menor del ingreso real de los trabajadores».
El salario estatal promedio en 2025 era de unos 6.930 pesos cubanos mensuales (unos 58 dólares al cambio oficial, pero solo diez al cambio informal). La mayoría de los trabajadores del sector dependen de propinas, pagos asociados al servicio a extranjeros e ingresos informales, por lo que «golpea directamente sus fuentes de ingreso, aunque mantengan formalmente el contrato laboral», indica Torres.
Testimonios del desmoronamiento
La preocupación es palpable entre los trabajadores. Mariam Abreu, operaria de seguridad del hotel Grand Aston en La Habana, confesó sentirse «en shock y triste» al enterarse de la salida de Archipiélago International. En Viñales, uno de los principales destinos de turismo rural, el emprendedor Lázaro Mena, dueño de Mogote Adventure (deportes de aventura), asegura que su negocio lleva sin ingresos «desde hace dos meses». «El turismo en Viñales está muerto alrededor de hace ya cuatro meses», afirma Mena, quien estima que el 80% de los 28.000 habitantes del valle dependen directa o indirectamente de la actividad turística.
El impacto se extiende más allá de los hoteles: restaurantes privados, transportistas, arrendadores de viviendas, guías y proveedores de alimentos ven cómo sus ingresos se evaporan. «En el contexto actual, esos trabajadores tienen muy pocas alternativas para compensar los ingresos perdidos», recalca Torres.
Sin horizonte de recuperación a corto plazo
La recuperación del sector no se percibe a corto o medio plazo, en parte por la gran incertidumbre geopolítica en torno a la isla. Mena, convencido de que «hay que lograr que Cuba vuelva a ser un destino sexy para el turismo internacional», aboga por una «apertura económica gigante» para lograrlo, mientras el Gobierno cubano busca alternativas para sostener un sector que, hasta hace poco, era uno de los pocos motores de la economía nacional.