Washington/Teherán.– La hora de la verdad en Oriente Medio ha llegado con el sonido de misiles rompiendo el silencio sobre el Golfo Pérsico. Estados Unidos e Israel lanzaron este martes un ataque coordinado contra la isla iraní de Jarg, la principal terminal petrolera de la República Islámica, por donde transita el 90% de sus exportaciones de crudo. Los bombardeos, ejecutados desde aviones de combate y buques de guerra, han provocado explosiones en distintos puntos del enclave energético, según informó la agencia iraní Mehr.
Las autoridades de Teherán aún no han ofrecido un balance detallado de los daños en los depósitos de combustible y las terminales de carga, pero fuentes oficiales estadounidenses confirmaron a la cadena Fox que los ataques alcanzaron "docenas" de objetivos militares, incluyendo búnkeres, estaciones de radar y depósitos de munición. No se ha reportado un despliegue de tropas en tierra, únicamente ataques aéreos.
El ultimátum que vence esta noche: puentes y plantas eléctricas en la mira
La ofensiva contra Jarg se produce a pocas horas de que expire el ultimátum lanzado por el presidente Donald Trump. El mandatario ha dado a Irán hasta las 20:00 hora de Washington (00:00 GMT del miércoles) para reabrir el estrecho de Ormuz, bloqueado por Teherán desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. De lo contrario, Trump ha prometido bombardear "todas las centrales eléctricas y puentes" de Irán.
"Si no abren el puto estrecho, volarán por los aires", había advertido el domingo en sus redes sociales. Ahora, con los misiles ya sobre Jarg, la amenaza se vuelve carne de cañón.
Jarg: el talón de Aquiles energético de Irán
La isla de Jarg no es un objetivo cualquiera. Es el nodo logístico que concentra la inmensa mayoría de las exportaciones petroleras iraníes. Sin Jarg, Irán perdería su capacidad de financiar la guerra y de presionar a los mercados globales. Trump ya había insinuado en semanas anteriores que apoderarse de esta isla era una opción sobre la mesa. Hoy, los bombardeos parecen ser el preludio de una posible ocupación o, al menos, de la destrucción sistemática de la infraestructura energética iraní.
El estrecho de Ormuz, por su parte, sigue cerrado para los buques de Estados Unidos, Israel y sus aliados. Teherán solo permite el paso a países que considera amigos, como China. Como resultado, el precio del petróleo se ha disparado más de un 65% desde el inicio del conflicto, y la economía global se tambalea.
El mundo, en vilo: ¿habrá tregua o tormenta definitiva?
Mientras las explosiones iluminan el cielo de Jarg, los mediadores —Egipto, Pakistán, Omán, Turquía— redoblan sus esfuerzos para lograr un alto el fuego de 45 días que incluya la reapertura del estrecho. Irán ha presentado una propuesta de 10 puntos, pero Trump la ha calificado de "no suficientemente buena". El reloj no se detiene.
En las próximas horas, dos escenarios son posibles: un acuerdo de última hora que evite la destrucción masiva de la infraestructura civil iraní, o la prometida "noche del infierno" que convertiría los puentes y las plantas eléctricas de Irán en escombros. Por ahora, los misiles ya hablaron en Jarg. Y el mundo observa, conteniendo la respiración, mientras el petróleo sigue subiendo y las familias en Teherán, Haifa y Beirut se refugian en sus sótanos. La guerra no da tregua, y el ultimátum de Trump aún no ha expirado. Lo que viene después puede ser el principio del fin o el fin del principio.