El vice primer ministro ruso, Alexandr Novak, reconoció este miércoles que las petroleras del país están destinando «cantidades significativas» de recursos a la protección de sus refinerías frente a los ataques con drones de Ucrania, una ofensiva que ha obligado al sector energético a redoblar sus esfuerzos de seguridad y que ya ha dejado una huella tangible en la economía nacional. «Se trata de costes significativos para las refinerías e instalaciones energéticas. Pero valen la pena, porque el tiempo de inactividad de las refinerías, si estas cierran, lleva a pérdidas significativas para las empresas», declaró Novak a la agencia Interfax.
El viceprimer ministro aseguró que las empresas están cooperando estrechamente con el Ministerio de Defensa y la Guardia Nacional para blindar sus instalaciones, y subrayó que «este trabajo se ha intensificado en los últimos meses debido al aumento de los ataques». Novak precisó que aproximadamente el 10 % de las refinerías rusas se encuentran actualmente en reparación, aunque señaló que los mantenimientos programados en otras instalaciones fueron pospuestos para atender la alta demanda durante el verano. A finales de julio, Novak había anunciado una estabilización parcial del mercado de combustibles, pero reconoció que en agosto el sector entró en una segunda fase de crisis, y las autoridades confían en que la situación mejore una vez que las refinerías restantes reanuden sus operaciones tras el mantenimiento.
El presidente ruso, Vladímir Putin, admitió ayer que el daño causado por los ataques ucranianos contra la retaguardia rusa desde finales de junio asciende a casi un 1 % del producto interior bruto (PIB) del país. «El daño total, según estimaciones preliminares, asciende a una cifra importante: cerca del 1 % del PIB», comentó en rueda de prensa desde Kirguistán, en un reconocimiento público de la magnitud del impacto de la guerra en la economía doméstica. Putin calificó los drones ucranianos como «un importante desafío» para Rusia, tanto por tierra como por aire y por mar, pero se mostró convencido de que todos los problemas serán solventados: «Nos las arreglaremos», afirmó.
El mandatario también aclaró que la decisión de introducir la gestión externa en aquellas compañías que no invierten en la defensa de infraestructuras críticas no equivale a una expropiación, en un intento de tranquilizar a los inversores y al mercado. Con las refinerías bajo presión, el mercado de combustibles en vilo y el reconocimiento de un coste económico significativo, el Kremlin busca transmitir una imagen de control y resiliencia, aunque los ataques ucranianos continúan perforando la retaguardia rusa y poniendo a prueba la capacidad de respuesta del sector energético.