Una misma persona puede tener mechones completamente lisos y otros ondulados o rizados, incluso en zonas muy cercanas del cuero cabelludo. La explicación está relacionada principalmente con la genética, la forma de los folículos pilosos y distintos factores que pueden modificar la apariencia del cabello a lo largo de la vida. Por eso, algunas personas pasan años creyendo que tienen el cabello totalmente lacio, hasta que después de un corte, al dejarlo secar de manera natural o durante un día de mucha humedad descubren ondas detrás de las orejas, rizos en la nuca o mechones curvos entre otros que permanecen rectos. También puede ocurrir lo contrario: alguien con una cabellera predominantemente ondulada o rizada puede tener determinadas zonas donde el pelo crece mucho más recto.
La explicación comienza en el folículo
Cada cabello procede de su propio folículo piloso, una estructura localizada debajo de la piel que produce individualmente cada fibra. Aunque todos pertenecen a una misma persona y comparten su información genética, los folículos no son completamente idénticos. Su geometría, orientación y funcionamiento pueden variar ligeramente, lo que termina influyendo en la forma del cabello que emerge del cuero cabelludo.
Las investigaciones sobre la biología capilar han identificado diferencias entre los folículos relacionados con cabellos rectos y aquellos que producen fibras curvas. En el cabello rizado, por ejemplo, se han observado asimetrías en distintas regiones del folículo y en los procesos celulares responsables de formar la fibra. Esto significa que un cabello no necesariamente comienza a rizarse después de salir de la cabeza. Su tendencia a curvarse puede comenzar mientras todavía se está formando debajo de la piel. Por esa razón, dos mechones ubicados a pocos centímetros de distancia pueden comportarse de manera diferente: algunos folículos pueden producir fibras con mayor curvatura, mientras otros generan cabellos prácticamente rectos.
La genética también determina la textura
La herencia genética tiene un papel fundamental en la textura del cabello, aunque no existe simplemente un gen responsable del pelo lacio y otro del rizado. Cada persona recibe una combinación particular de variantes genéticas, por lo que un hijo no necesariamente tendrá exactamente el mismo tipo de cabello de su madre o de su padre. Incluso entre hermanos pueden existir diferencias considerables. La textura observable surge de la interacción de múltiples factores genéticos y biológicos, razón por la cual el cabello humano presenta una gama mucho más amplia que las categorías tradicionales de lacio, ondulado y rizado. Una investigación internacional realizada con muestras de cabello de 1.442 personas de 18 países evidenció la amplia diversidad existente en las características físicas de las fibras capilares.
Humedad y largo pueden hacer visibles las ondas
La textura también puede parecer diferente dependiendo de las condiciones ambientales. La humedad, por ejemplo, puede hacer que ondas que normalmente pasan desapercibidas se vuelvan más pronunciadas. El cabello está compuesto principalmente por queratina, y el agua puede modificar temporalmente algunas de las interacciones químicas presentes en la fibra. De ahí que determinados mechones se ondulen cuando aumenta la humedad, mientras otros continúan relativamente rectos.
El largo del cabello también influye en su apariencia. Una fibra larga pesa más y puede estirar visualmente una onda, haciendo que el cabello parezca más liso. Por esa razón, algunas personas descubren que tienen el cabello más ondulado después de cortarlo. El corte no modifica necesariamente la estructura del folículo, sino que elimina peso y permite que la curvatura natural resulte más visible.
La textura puede cambiar con los años
El cabello tampoco tiene que conservar exactamente las mismas características durante toda la vida. Algunas personas tienen el pelo muy lacio durante la infancia y desarrollan ondas o rizos durante la adolescencia o la edad adulta. Los folículos son estructuras vivas que responden a distintos procesos biológicos. El ciclo del cabello está influenciado por hormonas, factores de crecimiento y moléculas señalizadoras, por lo que determinados cambios en el organismo pueden coincidir con transformaciones en las fibras. Además de la curvatura, con el paso de los años también pueden cambiar el grosor, la densidad y la pigmentación del cabello. Sin embargo, encontrar algunos mechones distintos no significa necesariamente que exista un problema hormonal. Las variaciones en la textura pueden formar parte del comportamiento normal del cabello.
Plancha y tratamientos no cambian el folículo
Para comprender estos cambios es importante diferenciar entre el tallo piloso, que es la parte visible del cabello, y el folículo, que permanece debajo de la piel y mantiene actividad biológica. Una plancha para el cabello utiliza calor para alterar temporalmente la forma del tallo, pero no modifica la programación del folículo. Por eso, después de lavar el pelo o cuando crece una nueva fibra, la textura natural puede volver a aparecer. Los alisados, permanentes, tintes y decoloraciones, en cambio, pueden alterar de distintas formas las características físicas de las fibras, haciendo que las puntas tengan una textura diferente al crecimiento nuevo. Para conocer mejor el patrón natural del cabello, puede resultar útil observar cómo crece y cómo se comporta al secarse sin calor ni tratamientos destinados a modificar su forma.
¿Cepillarse elimina las ondas?
El cepillado también puede cambiar considerablemente la apariencia del cabello. Cuando un pelo con tendencia ondulada o rizada se cepilla en seco, las fibras que estaban agrupadas formando curvas pueden separarse. Como consecuencia, las ondas pierden definición y el cabello puede adquirir mayor volumen o frizz, haciendo que parezca más recto de lo que realmente es. Esto explica por qué algunas personas creen durante años que tienen un cabello "lacio pero rebelde", cuando en realidad poseen un patrón naturalmente ondulado que no se hace evidente con su rutina habitual.
Tener distintas texturas no significa que exista daño
Una persona puede tener un cabello saludable y, al mismo tiempo, presentar mechones con diferentes grados de curvatura. La coexistencia de fibras lisas, onduladas y rizadas no constituye por sí sola una señal de deterioro. El daño capilar suele estar relacionado con otros signos, como fragilidad, puntas abiertas, rotura, pérdida de elasticidad o una superficie áspera. Un mechón que crece rizado entre otros cabellos lisos puede ser simplemente el resultado de las diferencias naturales entre los folículos.
¿Cuándo conviene consultar?
Aunque tener diferentes texturas suele ser normal, un cambio repentino y generalizado en el cabello puede requerir atención si aparece acompañado de otros síntomas. La caída abundante, pérdida de densidad, zonas sin cabello, picazón persistente, dolor, descamación intensa o lesiones en el cuero cabelludo son señales que deben evaluarse en su contexto. Algunos tratamientos médicos y medicamentos también pueden producir modificaciones en el cabello. En esos casos, lo importante no es determinar si la fibra es lisa o rizada, sino establecer qué está provocando el cambio.
Una cabeza puede tener varios tipos de cabello
Decir que alguien tiene el pelo lacio, ondulado o rizado sirve como descripción general, pero no significa que cada una de sus fibras deba tener exactamente la misma forma. Una cabellera predominantemente lisa puede contener cientos de fibras onduladas, mientras otra principalmente rizada puede presentar sectores casi rectos. La explicación se encuentra principalmente debajo del cuero cabelludo: cada persona posee miles de folículos que funcionan como pequeñas unidades independientes, capaces de producir fibras con características ligeramente diferentes. A esa diversidad natural se suman factores externos como la humedad, el largo, el calor, la fricción, los productos cosméticos y los tratamientos químicos, que pueden modificar la manera en que finalmente vemos el cabello. Por eso, tener un mechón ondulado junto a otro lacio no necesariamente representa una anomalía. Puede ser simplemente una manifestación de la diversidad natural del cabello humano.