La plataforma de streaming Netflix se enfrenta a una demanda presentada por la banda estadounidense de metal cristiano Demon Hunter, con sede en Seattle, a raíz del éxito de su película de animación KPop Demon Hunters, ganadora del Oscar. El grupo musical, formado en el año 2000, sostiene que la producción y su reciente gira en vivo —anunciada por el promotor AEG Presents— vulneran sus derechos de marca, generan confusión en el público y constituyen una competencia desleal.
A través de su sociedad Hyde Lane, la banda presentó este miércoles una demanda por infracción de marca en el Distrito Central de California contra Netflix, Netflix Studios y AEG Presents. La denuncia se centra en el uso del nombre "KPop Demon Hunters", que, según los músicos, provoca un "solapamiento casi total" con su propia identidad artística y podría llevar a los fans a confundir ambos proyectos.
"La marca que Hyde Lane ha construido cuidadosamente a lo largo del último cuarto de siglo se enfrenta ahora a una crisis existencial", afirma el escrito, que también incluye un ejemplo concreto: una persona que gastó 500 dólares en entradas para un concierto de Demon Hunter en Albany (Nueva York), y luego pidió el reembolso para poder comprar boletos para los "auténticos KPop Demon Hunters".
La banda ha solicitado al tribunal que prohíba a Netflix y a sus socios utilizar el nombre KPop Demon Hunters para música grabada, conciertos y productos de merchandising, así como una indemnización económica aún no especificada. Hasta el momento, ni Netflix ni AEG Presents han emitido comentarios públicos sobre la demanda.
KPop Demon Hunters, estrenada el año pasado, se ha convertido en la película más vista en la historia de Netflix y ha cosechado los premios a mejor película de animación y mejor canción original por 'Golden' en los Globos de Oro de 2026 y en los Oscar. Actualmente, la plataforma prepara una secuela, lo que añade más incertidumbre sobre el futuro del nombre en disputa. Mientras tanto, la banda de metal cristiano, que ha construido su carrera durante 25 años, observa con atención desde Seattle, a la espera de que la justicia decida si los cazadores de demonios de la animación han invadido su territorio.