El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dio este domingo el pistoletazo de salida a su campaña de reelección en un multitudinario acto en São Paulo, donde centró su discurso en el combate a la violencia de género y al crimen organizado, y reafirmó su compromiso con la continuidad de los programas sociales. Frente a miles de simpatizantes reunidos en el estadio municipal de Vila Euclides —el mismo escenario donde encabezó las históricas huelgas sindicales durante la dictadura militar—, el mandatario de 80 años prometió "terminar con algunos de los dilemas de nuestro país", mientras el recinto vibraba con el grito de "Olé, olé, olé, olé, Lula, Lulaaa".
A dos meses de las elecciones de octubre, el líder progresista hizo un balance de su gestión, destacando la creación de 10 millones de empleos formales en tres años y medio y la ampliación de los programas sociales. "¿Qué futuro quieres para el pueblo brasileño si no inviertes en salud, educación, vivienda…?", se preguntó en alusión a los gobiernos de derecha que lo precedieron, aunque evitó mencionar directamente a su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro.
En materia de seguridad, una de las principales demandas ciudadanas, Lula enfatizó la necesidad de perseguir a los líderes de las facciones criminales en lugar de centrarse en los integrantes de base: "Es quitándoles el dinero que vamos a acabar con el crimen organizado". También dedicó un espacio destacado a la lucha contra la violencia machista, llamando a los hombres a tratar a sus parejas como "compañeras" y no como "servidoras o esclavas".
El mandatario reafirmó su defensa de la soberanía brasileña en el ámbito de los minerales críticos, al declarar que Brasil debe extraer y procesar por sí mismo estos recursos: "No quiero a EE.UU., ni a Rusia, ni a China, ni a nadie… Nosotros vamos a explotar los minerales críticos en beneficio del pueblo brasileño", afirmó entre aplausos.
El acto, que combinó samba, bailes de hip hop y una marea roja de militantes del Partido de los Trabajadores, tuvo un ambiente festivo, aunque el trasfondo electoral es de máxima tensión. Las últimas encuestas sitúan a Lula y a Flávio Bolsonaro en un empate técnico, con un 43 % de intención de voto para el primero y un 40 % para el segundo, a dos meses de unos comicios que definirán el rumbo de Brasil.