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Los rusos retiran miles de millones de sus bancos ante el temor a nuevas restricciones

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La creciente incertidumbre económica provocada por la guerra está desencadenando una fuga de depósitos del sistema bancario ruso. Ciudadanos y empresas han acelerado el retiro de sus ahorros, en medio del temor a posibles nuevas restricciones financieras, confiscaciones de activos o una mayor presión fiscal por parte del Estado.

Solo durante las dos primeras semanas de agosto, los depósitos retirados alcanzaron los 3.400 millones de dólares (286.400 millones de rublos), según datos del Banco Central de Rusia. Esta cifra se suma a los 7.300 millones de dólares retirados en julio y a los 4.500 millones que salieron del sistema en junio. El movimiento preocupa al sector financiero porque coincide con un aumento de los préstamos de difícil recuperación, impulsados por el crédito estatal a la industria militar.

Taras Skvortsov, alto ejecutivo de Sberbank, el principal banco minorista del país, advirtió que los retiros acumulados en 2026 podrían duplicar los registrados durante el primer año de la invasión de Ucrania. La salida de dinero refleja, según antiguos funcionarios y analistas financieros, un deterioro de la confianza pública. Un exfuncionario financiero ruso describió el fenómeno como una reacción al creciente nerviosismo provocado por los ataques con drones en territorio ruso. “Las cosas se están incendiando. El nerviosismo crece”, señaló, y explicó que muchos prefieren mantener el efectivo en casa antes que dejarlo en entidades expuestas a decisiones gubernamentales.

Alexandra Prokopenko, exasesora del Banco Central ruso, sostuvo que el comportamiento de los depositantes evidencia una pérdida de confianza en el sistema financiero. Aunque considera poco probable una nacionalización de depósitos, no descarta la imposición de límites a los retiros. El volumen de dinero retirado en lo que va de 2026 ya supera los 24.700 millones de dólares que abandonaron el sistema durante el primer año de la guerra. En aquella ocasión, el Gobierno frenó la fuga con controles de capital y un fuerte aumento de las tasas de interés.

Presión fiscal y fuga de capitales
La preocupación no se limita a los hogares. Grandes compañías rusas también estarían buscando colocar parte de sus recursos fuera del alcance de las autoridades. Más de 9.400 millones de dólares salieron de Rusia durante el segundo trimestre de 2026, según el Banco Central. Skvortsov reconoció que el flujo representa un problema creciente para la liquidez bancaria. Si la tendencia continúa, advirtió, la situación podría deteriorarse aún más.

La salida de depósitos limita la capacidad de los bancos para financiar al Estado. El Gobierno ruso depende cada vez más de la emisión de bonos para cubrir un déficit presupuestario que se ha ampliado por el gasto militar. La falta de liquidez reduce la capacidad de algunas entidades para destinar recursos a la compra de deuda pública. Craig Kennedy, exvicepresidente de Bank of America Merrill Lynch y académico de Harvard, consideró preocupante que Rusia esté registrando dificultades recurrentes para colocar deuda en medio de una guerra.

Déficit, nacionalizaciones y economía civil debilitada
Entre enero y julio, el déficit presupuestario alcanzó 6,46 billones de rublos (unos 76.100 millones de dólares), muy por encima de los 3,8 billones previstos para todo 2026. Ante esta situación, crecen las especulaciones sobre nuevas confiscaciones de activos. Rusia ya ha avanzado en esa dirección: según fiscales rusos, el Estado confiscó el año pasado activos por unos 51.500 millones de dólares en una creciente ola de nacionalizaciones. El caso más reciente fue el de Vadim Moshkovich, fundador del grupo agrícola Rusagro, cuyos activos fueron incautados por valor de 7.600 millones de dólares tras su detención por fraude.

El problema de fondo, según economistas, es que el esfuerzo militar está absorbiendo recursos que podrían destinarse a la economía civil. Los bancos han sido presionados para ampliar el crédito a la industria de defensa, mientras las altas tasas de interés y la inflación dificultan la inversión en otros sectores. El producto interno bruto ruso creció apenas un 0,3% en el primer semestre de 2026, frente al 1,2% del año anterior.

La presión económica también ha generado declaraciones poco habituales entre figuras del sistema. German Gref, presidente de Sberbank, afirmó a finales de junio que todos desean que la guerra termine. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, cuestionó públicamente las propuestas para profundizar la transformación de la economía hacia un modelo de guerra. Y el economista jefe de VEB, Andrei Klepach, fue apartado de su cargo tras advertir sobre las dificultades de Rusia para sostener una guerra de desgaste.

Un futuro incierto
Por ahora, el Kremlin conserva fuentes importantes de ingresos y capacidad para intervenir en el sistema financiero. Sin embargo, la combinación de retiros bancarios, fuga de capitales, déficit fiscal y una economía civil debilitada está aumentando la presión sobre las finanzas del país. Y mientras la guerra continúa, una parte de los rusos parece estar tomando sus propias precauciones: sacar el dinero del sistema antes de que las decisiones del Estado puedan limitar su capacidad para disponer de él. La confianza, uno de los activos más frágiles en tiempos de crisis, se está desvaneciendo.