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Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica con promesa de mano dura

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San José, 8 de mayo de 2026. – La politóloga Laura Fernández, de 39 años, se convertirá este viernes en la segunda mujer en ocupar la presidencia de Costa Rica, después de Laura Chinchilla (2010-2014). En una ceremonia abierta al público en el Estadio Nacional, Fernández recibirá la banda presidencial de manos del mandatario saliente, Rodrigo Chaves, a quien ha llamado su «heredera» y que, en un gesto inédito, ha sido designado por la propia presidenta electa como su ministro de la Presidencia y de Hacienda.

La investidura, que comenzará a las 11:00 hora local (17:00 GMT), contará con la presencia de delegaciones de 71 países y 18 organismos internacionales, así como 27.000 espectadores en el recinto. Entre los líderes confirmados figuran el rey Felipe VI de España y los presidentes Bernardo Arévalo (Guatemala), Nasry Asfura (Honduras), José Raúl Mulino (Panamá), José Antonio Kast (Chile), Isaac Herzog (Israel) y Luis Abinader (República Dominicana). Estados Unidos enviará al vicesecretario de Estado, Christopher Landau. Un operativo de unos 800 policías custodiará el evento y el perímetro cercano.

Fernández, natural de Puntarenas y licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Costa Rica, fue ministra de Planificación (2022-2024) y de la Presidencia (2024-2025) bajo el gobierno de Chaves. Renunció para lanzar su candidatura y ganó en primera vuelta el pasado 1 de febrero con el derechista Partido Pueblo Soberano, obteniendo el 48,3 % de los votos, frente al 33,44 % del socialdemócrata Álvaro Ramos.

Casada y madre de una niña, Fernández se ha comprometido a continuar las políticas de mano dura contra el crimen organizado, incluyendo la construcción de una megacárcel inspirada en el modelo salvadoreño, reformas al Poder Judicial y la posibilidad de suspender garantías individuales en zonas conflictivas. También impulsará proyectos como Ciudad Gobierno, una marina en el Caribe, nuevas carreteras y la ampliación de puertos y aeropuertos. La ceremonia de traspaso marca el inicio de un mandato que promete continuidad, pero con el inusual papel de un expresidente integrando el nuevo gabinete.