Geopolítica

Islandia vota dividida en una consulta sobre si retomar las negociaciones para entrar a la UE

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Los islandeses acudieron este sábado a las urnas para decidir si su país debe reanudar las negociaciones de ingreso en la Unión Europea, interrumpidas en 2013, en una consulta que ha polarizado a la sociedad nórdica y cuyo resultado se mantiene en un impredecible empate técnico. Los sondeos previos reflejaban una división casi exacta, aunque una encuesta publicada la víspera por la consultora Gallup otorgaba una ligera ventaja de más de dos puntos a los partidarios del «no», lo que añade incertidumbre a una jornada en la que cerca de 273.000 ciudadanos están llamados a pronunciarse.

El control de los recursos pesqueros, pilar de la economía islandesa, ha sido el eje central del debate. Quienes defienden el «no» advierten que la adhesión a la UE pondría en riesgo la soberanía sobre sus caladeros, un argumento de peso en un país que no alcanzó su independencia plena de Dinamarca hasta 1944. «He votado no. No estoy interesada en entrar en la UE. Solo pienso que estamos bien en Islandia, tenemos un futuro brillante y no veo ninguna razón para cambiar eso», declaró a EFE Ágústa Guðmundsdóttir, catedrática emérita de la Universidad de Reikiavik, tras votar en el ayuntamiento de la capital. En la misma línea, el periodista Björn Diljan expresó su rechazo al proceso: «No creo que Islandia deba entrar en la Unión Europea. Debemos controlar la pesca, la agricultura. Ir por este camino durante dos años es demasiado caro, el país está dividido», señaló, en alusión al tiempo que, según Bruselas y Reikiavik, podrían prolongarse las negociaciones.

Frente a ellos, los defensores del «sí» han puesto el acento en la estabilidad económica y la seguridad geopolítica. El elevado coste de vida, con tipos de interés al 8 % y una inflación del 5,6 %, ha sido uno de sus principales argumentos, junto con las crecientes tensiones internacionales y las amenazas de Estados Unidos sobre el vecino territorio autónomo danés de Groenlandia. «He votado sí. Quiero entrar en la UE. En términos de oportunidades económicas, de mercados financieros, tenemos una divisa muy volátil. Y también tenemos que pensar que el orden mundial es muy diferente ahora, y creo que deberíamos estar más cerca de nuestros aliados europeos», afirmó Bekka Ashcraft, profesora de secundaria en Reikiavik, quien lamentó el tono del debate: «Estoy un poco decepcionada porque no se ha podido discutir de forma más racional. Me parece que los ataques a la ministra de Exteriores han sido completamente inapropiados».

Por su parte, la guía turística Bryndís Magnadóttir Munka consideró que la consulta es prematura, pero votó a favor «para saber qué nos van a ofrecer». «He votado sí. Quiero ver qué nos van a decir. No dices que no a cosas de las que no sabes nada. Quiero más información y saber qué significaría para nosotros, las cosas buenas y malas. Porque va a haber otra votación. Básicamente, he votado que sí porque quiero saber qué nos van a ofrecer», explicó.

El referéndum, de carácter consultivo, ha sido promovido por el Gobierno de centroizquierda, que se ha comprometido a respetar el resultado si gana el «no». En caso de triunfo del «sí», se reanudarían las conversaciones con Bruselas, y los islandeses tendrían que pronunciarse nuevamente en una segunda consulta sobre el eventual acuerdo de adhesión. Tanto el Ejecutivo como la Comisión Europea han asegurado que sería posible negociar condiciones especiales para Islandia, especialmente en materia pesquera, aunque los opositores insisten en que ningún otro país ha logrado exenciones permanentes en este ámbito.

La logística del recuento añade un factor de espera: Islandia tiene una población reducida (menos de 400.000 habitantes) y dispersa en un territorio de 100.000 kilómetros cuadrados, por lo que las urnas deben ser trasladadas a los centros de recuento, en algunos casos a más de 400 kilómetros de distancia. La Comisión Electoral Nacional ha advertido de que no se esperan datos concluyentes hasta el mediodía del domingo, lo que prolonga la incertidumbre en una votación que, gane quien gane, marcará el rumbo europeo de esta nación insular.