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Irán envía a su canciller a Pakistán, pero niega un cara a cara con EE.UU.

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Islamabad/Teherán/Washington.– El pulso diplomático para poner fin a la guerra en Oriente Medio entra en una nueva fase de confusión y expectativas encontradas. Este sábado, los caminos de Estados Unidos e Irán podrían volver a cruzarse en Islamabad, aunque nadie se atreve a confirmar si los negociadores se sentarán en la misma sala. El fin de semana pasado, la primera ronda de conversaciones directas en 47 años fracasó. Ahora, con el alto el fuego extendido de forma indefinida pero frágil, ambas partes ensayan un nuevo acercamiento, mientras la tregua en Líbano sigue tambaleándose.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, llegó el viernes por la noche a la capital paquistaní para entrevistarse con altos funcionarios de Pakistán, el país mediador. Pero su portavoz, Esmail Baqai, fue tajante en X: "No hay prevista ninguna reunión entre Irán y Estados Unidos". Según Baqai, las posiciones iraníes se transmitirán a la parte estadounidense a través de los mediadores. Sin embargo, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, había declarado previamente que los enviados de Donald Trump —Steve Witkoff y Jared Kushner— viajarían el sábado a Pakistán "con el fin de mantener conversaciones con representantes de la delegación iraní", y aseguró que este encuentro fue solicitado por Teherán.

Dos versiones para un mismo pulso: ¿negociación directa o indirecta?

La contradicción refleja la desconfianza mutua y las tácticas de presión. Irán sigue condicionando el diálogo al levantamiento del bloqueo naval estadounidense, mientras Trump exige una reapertura del estrecho de Ormuz sin condiciones. La guerra, que comenzó el 28 de febrero con bombardeos de EE.UU. e Israel contra Irán, ha dejado miles de muertos, ha disparado los precios del petróleo y ha sacudido la economía global. El alto el fuego, prorrogado unilateralmente por Washington, se mantiene, pero la tregua en Líbano (el otro frente, con enfrentamientos entre Israel y Hezbolá) es aún más precaria.

Pakistán, que ha apostado su prestigio como mediador, espera desde hace días la reanudación de los diálogos. La visita de Araqchi es un gesto, pero la negativa a un cara a cara directo muestra que las heridas de la primera ronda aún no han cicatrizado. La Casa Blanca, por su parte, intenta mostrar que la pelota está en el tejado iraní.

El mundo, expectante

Mientras los diplomáticos se desplazan, el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, los misiles permanecen en sus silos y los precios del crudo continúan altos. La comunidad internacional observa con ansiedad. La segunda ronda de conversaciones, si se produce (directa o indirectamente), será una prueba de fuego. Por ahora, cada parte juega sus cartas. Irán dice que no se reunirá; EE.UU. asegura que sí. Pakistán, en medio, intenta salvar los muebles. La guerra no ha terminado, pero la ventana de la diplomacia sigue entreabierta. El tiempo, como en toda crisis, se agota. Y el mundo, una vez más, contiene la respiración.