El primer ministro de Irak, Ali al Zaidi, afirmó este viernes durante la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas el compromiso de su Gobierno con instaurar el monopolio de las armas en el país árabe, donde el Ejecutivo está en proceso de desarmar a las milicias que escapan del control del Estado. «Nos esforzamos por garantizar que el Estado sea quien tome la decisión final en materia de paz y de guerra, y que las armas y las herramientas de poder permanezcan en manos de sus instituciones constitucionales», dijo Al Zaidi en su intervención, en la que insistió en la necesidad de proteger la soberanía de Irak.
El próximo día 30, el Gobierno iraquí iniciará un proceso para desarmar a las facciones que operan fuera de los márgenes del Estado, un paso que se está topando con la resistencia de algunas milicias proiraníes que operan en Irak y que han lanzado ataques contra tropas de Estados Unidos en Oriente Medio y contra países del golfo Pérsico durante la actual guerra. Esto va en paralelo a las operaciones del Estado para confiscar las más de seis millones de armas que están en posesión de ciudadanos y grupos armados.
Sin embargo, Al Zaidi aseguró que las medidas de su Ejecutivo «van por buen camino», y que el resultado de este proceso servirá, entre otras cosas, para «crear el entorno necesario para el desarrollo y la inversión» en el país, azotado por décadas de conflicto, inestabilidad y actividad terrorista. «Irak, tal vez más que otros países, ha padecido las guerras y los estragos que estas provocan», recordó el primer ministro, que aseveró que los iraquíes han pagado «un alto precio», así como «sus recursos y sus oportunidades de desarrollo».
Retirada de la coalición y giro económico
Al Zaidi recordó también que el próximo día 30 se completará la retirada de las tropas de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, que lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI) y que han estado apostadas en Irak desde que los yihadistas se hicieran con amplias zonas del país en 2014. Esta retirada, afirmó, transformará las relaciones de Irak con sus socios «de la cooperación militar a la económica y de desarrollo», mientras que hizo un llamamiento a la integración en materia de seguridad para «evitar la formación de un entorno propicio para el extremismo», en referencia velada a sus vecinos de Siria e Irán.
Con este anuncio, Bagdad busca consolidar un nuevo equilibrio interno, recuperar el control efectivo sobre el uso de la fuerza y sentar las bases de una etapa centrada en la reconstrucción y la atracción de inversiones, en un contexto regional todavía marcado por la tensión y la amenaza de actores no estatales.