Tras casi dos décadas de avances, el hambre en el mundo aumentó respecto a 2018, lo que aleja cada vez más el objetivo internacional de erradicarla hasta 2030, con las guerras como uno de los factores que lo provocan y que, aun siendo regionales, amenazan globalmente la seguridad alimentaria. Marlehn Thieme, presidenta de Welthungerhilfe (Ayuda Mundial contra el Hambre), habló de una «situación alarmante» al presentar este miércoles el informe anual de esta ONG alemana, publicado en colaboración con el Instituto de Derecho para el Mantenimiento de la Paz y Derecho Internacional Humanitario (IFHV) de la Universidad de Bochum y la organización suiza Helvetas, que analiza la relación entre el hambre y la seguridad.
«Los 645 millones de personas que padecen hambre en todo el mundo son una señal de alarma. Con demasiada frecuencia, la seguridad se concibe únicamente en términos militares. Sin embargo, la seguridad alimentaria es un requisito previo para la paz y la estabilidad», subrayó Thieme. «Las guerras provocan con frecuencia hambre, y el hambre puede agravar aún más los conflictos. Al mismo tiempo, las guerras actuales amenazan con empujar al hambre a aún más personas, incluso lejos de los frentes», agregó. «Rutas comerciales interrumpidas, el aumento de los precios de la energía y los fertilizantes, y cadenas de suministro detenidas ponen en peligro la alimentación de millones de personas, incluso lejos de las regiones directamente afectadas por los conflictos», añadió.
Ucrania, Rusia y las crisis que tensionan el trigo
Thieme puso como claro ejemplo la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, al representar estos dos países una cuarta parte del comercio mundial de trigo. Debido a los bloqueos a la exportación en el Mar Negro y a la reducción de la siembra en ambos países, el trigo escasea cada vez más en todo el mundo y, en consecuencia, los expertos de las Naciones Unidas prevén subidas de precios que tendrán consecuencias de gran alcance para muchos países del Sur Global.
Esta tendencia se ve agravada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y las interrupciones del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y en el estrecho de Bab el-Mandeb, en el mar Rojo, con un aumento de los precios de los fertilizantes y el gasóleo y, con ello, de los costes energéticos para la economía y la agricultura, no solo en Alemania, sino sobre todo en Asia y África, según Thieme.
Ampliar el concepto de seguridad: "Sin seguridad alimentaria no puede haber seguridad duradera"
Por ello, la presidenta de Welthungerhilfe abogó por ampliar el concepto de seguridad que, subrayó, «significa más que fuerza militar, protección de las fronteras y capacidad de defensa» y «comienza allí donde las personas pueden satisfacer sus necesidades básicas». «Quien lucha contra el hambre refuerza, por tanto, también las bases para la cohesión social, la estabilidad y una paz duradera. Sin seguridad alimentaria no puede haber, en cualquier caso, seguridad duradera», afirmó.
El Índice Global del Hambre vuelve a subir
Thieme señaló que el Índice Global del Hambre (GHI), que se situaba en 2018 todavía en 17,6, ha aumentado hasta el actual 18,1, y agregó que lo especialmente alarmante es que en 32 países la situación de hambre ha empeorado desde entonces, mientras que en otros veinte los avances se han estancado. «Todas estas cifras muestran que nos estamos alejando cada vez más del objetivo internacional de acabar con el hambre para 2030. Resulta especialmente preocupante que, en 57 países, sea muy probable que, si la tendencia continúa así, ni siquiera se alcance un nivel bajo de hambre para 2030», advirtió.