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China y EE. UU. llegan a la cumbre Xi-Trump entre tensiones comerciales y la crisis energética por Irán

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China y Estados Unidos afrontan la reunión que sostendrán esta semana en Pekín los presidentes Xi Jinping y Donald Trump en medio de una tregua comercial todavía vigente, aunque debilitada por nuevas disputas arancelarias, el creciente pulso tecnológico y las consecuencias de la guerra en Irán sobre los mercados energéticos.

La visita del mandatario estadounidense, confirmada este lunes por las autoridades chinas, se extenderá desde el miércoles —día en que Trump arribará a China— hasta el viernes. Será el séptimo encuentro presencial entre ambos líderes, incluyendo las reuniones celebradas durante el primer mandato del republicano, y tendrá una agenda marcada por asuntos económicos, estratégicos y geopolíticos.

Irán y el estrecho de Ormuz dominan la agenda

Uno de los temas centrales será la guerra en Irán. Trump calificó este lunes de “inaceptable” la respuesta iraní a su propuesta de paz, dejando entrever un posible retraso en cualquier resolución del conflicto. El presidente estadounidense adelantó además que conversará con Xi sobre la situación y elogió la actitud del mandatario chino, a quien describió como “muy amable” frente a la crisis.

La importancia del tema crece debido al bloqueo del estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde transita cerca del 45 % de las importaciones chinas de petróleo y gas.

El asunto ganó todavía más relevancia tras la reciente visita a Pekín del canciller iraní, Abás Araqchí, quien sostuvo reuniones con el ministro de Exteriores chino, Wang Yi. Paralelamente, el embajador chino ante la ONU, Fu Cong, advirtió que, si Ormuz continúa cerrado, el conflicto “inevitablemente” ocupará un lugar prioritario en las conversaciones entre Pekín y Washington.

China, principal socio comercial de Irán, ha condenado los ataques contra Teherán, aunque al mismo tiempo ha insistido en la necesidad de respetar la soberanía de los países del Golfo, varios de los cuales han sido blanco de ofensivas iraníes.

El académico Wing Lok Hung, de la Chinese University of Hong Kong, consideró que el conflicto iraní representa actualmente el punto con mayores posibilidades de generar resultados “positivos y concretos” entre ambas potencias. Según explicó, Washington necesita reabrir el estrecho de Ormuz y alcanzar un alto el fuego, algo que —afirmó— difícilmente podría lograrse sin la cooperación de China.

Hung también señaló que la reciente visita de Araqchí colocó a Pekín en una posición diplomática más favorable y modificó significativamente una agenda que originalmente estaba más enfocada en comercio, tecnología y Taiwán.

Aunque algunos analistas sostienen que China se beneficia del desplazamiento de la atención estadounidense desde Asia hacia Oriente Medio, el conflicto también ha golpeado a la economía china mediante el aumento de los costos energéticos, obligando a las autoridades a intervenir para contener la subida de precios.

Una tregua comercial bajo presión

En paralelo a la visita de Trump, el viceprimer ministro chino, He Lifeng, y el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, celebrarán este miércoles en Seúl una nueva ronda de diálogo económico, después de las conversaciones mantenidas en marzo en París, de las que Pekín aseguró que surgieron “consensos preliminares”.

La base de estas negociaciones sigue siendo la tregua acordada por Xi y Trump en Busan el pasado octubre, mediante la cual se redujeron del 57 % al 47 % los aranceles aplicados a importaciones chinas. El acuerdo también suspendió tasas portuarias recíprocas y alivió parcialmente las restricciones chinas sobre las exportaciones de tierras raras.

Sin embargo, ese frágil equilibrio volvió a tambalearse luego de que el Tribunal Supremo estadounidense invalidara los aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional. Posteriormente, Trump aprobó un nuevo gravamen global del 10 % bajo otro marco jurídico, medida que también fue bloqueada el jueves pasado por el Tribunal de Comercio Internacional de EE. UU.

La especialista Patricia M. Kim, del Brookings Institution, considera que el escenario más probable es una prolongación de la tregua actual. Según explicó, ello implicaría mantener las exportaciones chinas de tierras raras y las compras de productos agrícolas estadounidenses, a cambio de cierto alivio arancelario por parte de Washington.

Kim estima además que Trump buscará obtener compromisos de compra de productos estadounidenses por parte de China, incluyendo alimentos, energía, aviones de Boeing y semiconductores. Pekín, por su parte, intentará extender la tregua comercial, preservar su acceso a tecnología estadounidense y evitar un endurecimiento adicional de los controles de exportación impuestos por Washington.

Tecnología e inteligencia artificial: otro foco de choque

La competencia tecnológica entre ambas potencias, especialmente en el sector de los semiconductores y la inteligencia artificial, también ocupará un lugar destacado en las conversaciones.

Las tensiones aumentaron recientemente después de que China bloqueara la compra de Manus por parte de Meta, una operación valorada en 2.000 millones de dólares. Pekín frenó la adquisición alegando restricciones a la inversión extranjera en la plataforma de inteligencia artificial, fundada en China pero establecida en Singapur.

Washington interpretó la decisión como una muestra de las “provocativas regulaciones extraterritoriales” chinas, mientras que Pekín acusa a Estados Unidos de intentar frenar su desarrollo tecnológico mediante restricciones a la exportación de chips avanzados y otros componentes esenciales para la inteligencia artificial, un sector donde China insiste en avanzar hacia la autosuficiencia.