Pekín.– Mientras Estados Unidos se prepara para imponer un bloqueo naval al estrecho de Ormuz, China ha alzado la voz con un llamado a la moderación. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, afirmó este lunes que "mantener la seguridad, estabilidad y el flujo en el estrecho de Ormuz sirve a los intereses comunes de la comunidad internacional", en una respuesta clara al anuncio del presidente Donald Trump de que su país bloqueará la estratégica vía marítima.
"La raíz de las interrupciones en la navegación en el estrecho radica en el conflicto con Irán", señaló Guo, y añadió que "la forma de resolver este problema es lograr un alto el fuego lo antes posible". El portavoz instó a todas las partes a "mantener la calma y ejercer la contención", y reiteró la disposición de China a "seguir desempeñando un papel positivo y constructivo".
La sugerencia de Trump: comprar petróleo a EE.UU. y Venezuela
El mandatario estadounidense había sugerido que China compre petróleo a Estados Unidos y Venezuela como alternativa al crudo iraní. Al respecto, Guo declaró que China está dispuesta a "trabajar con todas las partes para salvaguardar la seguridad energética global y la estabilidad de las cadenas de producción y suministro", pero subrayó que "la prioridad debe ser promover el restablecimiento de la paz y la estabilidad en el Golfo y Oriente Medio".
En defensa de Venezuela, el portavoz afirmó que el país sudamericano es "un país soberano" con "plena y permanente soberanía sobre sus recursos naturales" y que "tiene derecho a elegir de forma independiente a sus socios", sin que otros países puedan "interferir o dictar".
Un pulso que sube la temperatura global
Trump aseguró este fin de semana que la Armada estadounidense "bloqueará a todos los buques" que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz, tras el fracaso de las negociaciones de paz en Pakistán entre delegaciones de Estados Unidos e Irán, el contacto de mayor nivel desde 1979. El mandatario acusó a Teherán de no renunciar a su programa nuclear y afirmó que otros países participarán en la operación, que incluirá desminado y la interceptación de embarcaciones que paguen peajes a Irán.
El anuncio se produce tras semanas de enfrentamientos entre Irán, Estados Unidos e Israel, y de restricciones al tráfico en el estrecho, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. China, el mayor importador de crudo del mundo y uno de los principales socios comerciales de Irán, observa con preocupación cómo la crisis energética global se profundiza.
El papel de China: ¿mediador o espectador?
Pekín ha mantenido una posición ambivalente en el conflicto: condena la guerra, pero no ha impuesto sanciones a Irán ni a Rusia. Su llamado a la calma y a un alto el fuego es consistente con su política exterior de no intervención, pero también refleja sus intereses estratégicos. Un estrecho de Ormuz bloqueado afecta directamente el suministro de petróleo a China, que depende en gran medida de las importaciones de Oriente Medio.
La oferta de Trump de que China compre crudo estadounidense o venezolano no es casual: Washington busca desviar la dependencia energética china de Irán hacia sus propios aliados. Pero Pekín, por ahora, se mantiene firme en su demanda de una solución pacífica al conflicto de raíz.
Mientras los buques de guerra estadounidenses se preparan para el bloqueo y los petroleros iraníes esperan en los puertos, China observa y calcula. Su voz, aunque moderada, es la de una potencia que no puede ser ignorada. Porque si el estrecho se cierra, la economía china también sufrirá. Y en esa ecuación, la paciencia de Pekín tiene un límite. El mundo, una vez más, mira hacia Oriente Medio. Pero esta vez, también hacia Pekín.