A unos 50 kilómetros al oeste de Teherán, en la ciudad de Karaj, Afsaneh comienza cada jornada actualizando una lista de medicamentos que ya no puede garantizar a sus clientes. Farmacéutica de 38 años, asegura que antes el problema residía en conseguir fármacos extranjeros; ahora ni siquiera los productos nacionales llegan por la falta de materia prima. Los ataques estadounidenses e israelíes contra la industria farmacéutica iraní, el bloqueo de los puertos del país persa y la suspensión de vuelos por el conflicto han desatado una crisis sanitaria silenciosa: los medicamentos escasean y sus precios se han disparado.
Uno de los blancos de los bombardeos fue la planta Tofigh Daru, uno de los principales proveedores de materias primas y principios activos (API) contra el cáncer, narcóticos y fármacos cardiovasculares. El viceministro de Salud iraní, Mehdi Pirsalehi, calificó el ataque como «un intento de perturbar el sistema sanitario del país». Irán produce el 90 % de sus medicamentos y la mitad de la materia prima que necesita, un logro forzado por décadas de sanciones y restricciones bancarias que ya dificultaban las importaciones.
En la farmacia de Afsaneh, cada día se repite la misma escena: clientes que buscan medicamentos urgentes y regresan una y otra vez sin éxito. «Tenemos que decirles que no lo tenemos o que vuelvan la próxima semana, aunque muchas veces tampoco sabemos si llegará», explica. Además de la escasez, los precios se han incrementado entre un 50 % y un 200 % en apenas unos meses. «La gente se enfada con nosotros, pero nosotros tampoco controlamos los precios. El problema ya no es solo pagar más. El verdadero miedo es que no haya nada que vender», añade.
Entre los fármacos más difíciles de conseguir figuran la insulina importada, anticoagulantes, tratamientos oncológicos, medicamentos para la esclerosis múltiple y algunos antibióticos. En el norte de Teherán, Sara sostiene una receta doblada mientras acompaña a su madre, diagnosticada hace un año con cáncer de colon. Es la tercera farmacia que visitan en busca del medicamento para la quimioterapia. «Hace unos meses podíamos conseguirlo, aunque era caro. Ahora ni siquiera sabemos dónde buscar», dice la joven de 29 años.
El propio Gobierno iraní ha reconocido la gravedad de la situación. Ali Jafarian, asesor del ministro de Salud, Mohamadreza Zafargandi, habló de «una escasez grave de medicamentos» y expresó su esperanza de que mejore con la apertura de comunicaciones con el exterior. El secretario de la Asociación de la Industria de Distribución de Medicamentos, Vahid Mahalati, apuntó al bloqueo estadounidense y a la suspensión de vuelos como causas directas que han impedido las importaciones, y advirtió que incluso medicamentos nacionales enfrentan escasez.
La crisis golpea con especial dureza a pacientes con enfermedades raras y crónicas. La secretaria de la Asociación Iraní de Hemofilia, Masoumeh Sadeghzadeh, denunció que muchos enfermos han tenido que abandonar tratamientos modernos y recurrir a terapias más antiguas y difíciles. Organizaciones que representan a pacientes con epidermólisis bullosa –conocida como «piel de mariposa»– han alertado sobre las restricciones en el acceso a vendajes especializados para niños, lo que incrementa su sufrimiento.
Antes de abandonar la farmacia, Sara vuelve a guardar la receta doblada en su bolso y pregunta cuándo podría llegar el medicamento. Nadie puede asegurárselo. En un país acostumbrado a sobrevivir entre sanciones y crisis económicas, la guerra ha vuelto incierto incluso el acto más cotidiano de comprar una simple medicina.