Las autoridades rusas dedicarán 60.000 millones de rublos (unos 700 millones de dólares) al bloqueo de internet en los próximos tres años, según informó este martes el periódico Forbes. Así figura en un anexo al proyecto de presupuesto que el Gobierno presentó ante la Duma o cámara de diputados, a la que el presidente ruso, Vladímir Putin, instó a aprobarlo cuanto antes.
Dicha cifra es casi el doble de lo presupuestado hace dos años, cuando se anunció un programa de financiación de 32.000 millones de rublos (unos 370 millones de dólares). El incremento refleja la creciente prioridad que el Kremlin otorga al control del espacio digital, en un contexto de creciente presión internacional y malestar interno.
El bloqueo de internet ha sido uno de los causantes de la caída de los índices de popularidad del presidente ruso, Vladímir Putin, quien asegura que la seguridad es su prioridad, aunque son pocos los rusos que relacionan esa censura con los ataques ucranianos y muchos los que ven una abierta persecución del disenso en las redes. Según los expertos consultados por Forbes, el aumento de la partida presupuestaria para el bloqueo de las redes sociales y recursos indeseados puede deberse a las sanciones occidentales por la guerra y al incremento de los componentes en el marco del auge de la inteligencia artificial.
Roskomnadzor intensifica las restricciones tras las elecciones
El encargado del bloqueo es el organismo que vela por el control de las telecomunicaciones en el país, Roskomnadzor, que ha intensificado notablemente las restricciones de internet en cuanto concluyeron las elecciones legislativas del 20 de septiembre. Hace unos meses, la prensa local ya informó de que el Ministerio de Desarrollo Digital incrementaría su capacidad técnica para el bloqueo del internet móvil, con el objetivo de abarcar todo el ancho de banda. Para ello, el Ministerio aumentó su presupuesto en 14.900 millones de rublos (unos 170 millones de dólares), hasta alcanzar los 83.700 millones (casi mil millones de dólares).
Con esta inversión sin precedentes, Moscú refuerza una maquinaria de censura digital que, según sus críticos, busca silenciar la disidencia y limitar el acceso de los ciudadanos a información independiente, en un momento en que la guerra y las sanciones han tensado al máximo la relación entre el Kremlin y la sociedad rusa.