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Brasil rechaza las críticas de EE.UU. sobre una pasividad en el combate al narcotráfico

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El Gobierno brasileño rechazó en la noche del miércoles las críticas del Ejecutivo estadounidense sobre una supuesta pasividad en el combate al narcotráfico, formuladas a poco más de dos semanas de las elecciones presidenciales. El Ministerio de Justicia y Seguridad Pública rebatió en un comunicado las afirmaciones recogidas en un informe enviado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al Congreso, en el que sostiene que Brasil «falló» en enfrentar a las facciones criminales.

Las autoridades brasileñas destacaron sus «esfuerzos» en materia de seguridad, como la reciente aprobación de una ley que aumenta las penas de prisión para los líderes de las bandas y las numerosas operaciones policiales. Además, el Ministerio afirmó que existe una «cooperación robusta» entre los dos países y recordó que el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, entregó a Trump durante una reunión en mayo un documento con propuestas al que Estados Unidos todavía no ha respondido.

Pese a las críticas, el Gobierno de Trump no incluyó a Brasil en la lista de 23 naciones consideradas como las mayores productoras y centros de tránsito de drogas del mundo. En junio, la Casa Blanca clasificó las dos principales facciones brasileñas, el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital (PCC), como organizaciones terroristas, lo que fue visto por las autoridades de Brasil como una ventana para sancionar al país.

El Ejecutivo de Lula se encuentra en alerta ante cualquier posible interferencia de la Casa Blanca en las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta se celebra el 4 de octubre. Durante un mitin en la noche del miércoles, el mandatario y candidato a la reelección afirmó que «Brasil solo tiene un dueño», en referencia al pueblo del país y en una crítica directa a Trump, quien es un aliado ideológico del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, el principal rival de Lula en los comicios. Con este episodio, la tensión entre Brasilia y Washington se suma al ya complejo panorama electoral brasileño, donde la sombra de una posible injerencia externa planea sobre la campaña.