La Unión Europea acelera sus planes de rearme ante la posibilidad de un conflicto con Rusia, pero se enfrenta a un obstáculo crítico: la falta de personal militar suficiente para sostener la expansión de sus capacidades de defensa.
El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, ha planteado que Europa debería estar preparada para desplegar unos 100.000 soldados y una cantidad equivalente de equipos militares para responder con rapidez a una eventual amenaza rusa.
Kubilius utilizó como escenario de referencia el año 2030, cuando, según algunas evaluaciones de inteligencia europeas, Rusia podría estar en condiciones de poner a prueba a la OTAN. El problema es que los ejércitos europeos ya afrontan dificultades para reclutar y retener efectivos.
Emmanuel Jacob, presidente de la Organización Europea de Asociaciones y Sindicatos Militares (EUROMIL), advierte que las nuevas inversiones en defensa solo serán efectivas si los países cuentan con suficiente personal para operar y mantener las capacidades adquiridas. A su juicio, el problema no es nuevo, pero la urgencia ha aumentado considerablemente.
Una encuesta de EUROMIL realizada entre asociaciones militares de 11 países europeos concluyó que el reclutamiento es considerado problemático en la mayoría de ellos, mientras que la retención de efectivos presenta dificultades que van de problemáticas a críticas.
Entre los principales factores que dificultan la incorporación y permanencia en las Fuerzas Armadas figuran los salarios poco competitivos frente al sector privado, las exigencias físicas, las condiciones laborales y la falta de equilibrio entre la vida profesional y personal. Según el estudio, muchos militares abandonan las fuerzas armadas después de aproximadamente una década de servicio.
Los expertos también señalan que Europa necesita ampliar sus fuerzas de reserva para disponer de especialistas en áreas como ciberseguridad, logística y sanidad. Sin embargo, crear un sistema de reservistas eficaz plantea importantes desafíos organizativos, especialmente para garantizar que las empresas permitan a sus empleados incorporarse temporalmente a las fuerzas armadas.
El problema no se limita a la Unión Europea. La OTAN también estudia sus dificultades para atraer y retener personal ante el aumento de sus exigencias de defensa. Un informe de su Asamblea Parlamentaria analizará los factores sociales y estructurales detrás de esta crisis y sus consecuencias para la preparación militar de la Alianza.
Los expertos advierten que aumentar el gasto en defensa no será suficiente. Europa también tendrá que mejorar los salarios, las pensiones y las condiciones de servicio, además de adaptar sus estructuras militares y recuperar el atractivo de la carrera castrense entre las nuevas generaciones.
El desafío, por tanto, no es únicamente financiero. El rearme europeo requiere también un cambio social y cultural que permita recuperar el interés por el servicio militar y garantizar que los países puedan disponer de los efectivos necesarios para responder a una eventual crisis de seguridad.