El primer vuelo de deportación masiva de haitianos desde Estados Unidos aterrizó este jueves en Cabo Haitiano, en el norte del país, con más de 150 ciudadanos a bordo, según confirmó una fuente de la Cancillería haitiana a EFE. El vuelo chárter, operado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), marca el inicio de las repatriaciones de unos 300.000 haitianos que han perdido su Estatus de Protección Temporal (TPS), después de que la Administración de Donald Trump decidiera no renovarlo a finales de julio, respaldada por un fallo de la Corte Suprema que considera que las condiciones en Haití han mejorado lo suficiente para permitir el retorno seguro.
Los deportados fueron recibidos por autoridades migratorias y policiales en Cabo Haitiano, ya que el aeropuerto Toussaint Louverture de Puerto Príncipe permanece cerrado debido al asedio de las bandas armadas que controlan gran parte de la capital. El TPS, un beneficio migratorio otorgado a ciudadanos de países que enfrentan crisis temporales graves, había protegido a los haitianos desde que Haití sufriera el devastador terremoto de 2010. Sin embargo, la decisión de Washington ignora la realidad actual del país más pobre de América, que atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes.
Según datos de la ONU, la violencia de las pandillas ha dejado al menos 2.310 muertos y 1.106 heridos en los primeros cinco meses del año, y las bandas controlan cerca del 90 % de la zona metropolitana de Puerto Príncipe, desplazando a miles de personas y agravando el hambre. La deportación masiva de haitianos se produce en un contexto en el que el regreso forzoso a un país sumido en el caos podría tener consecuencias humanitarias devastadoras, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el desenlace de una política migratoria que prioriza la expulsión sobre la protección de los más vulnerables.