El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a encender la tensión en Oriente Medio al publicar este martes en su red social Truth Social una imagen en la que etiqueta el estrecho de Ormuz como "NUEVO territorio de Estados Unidos". La fotografía muestra un mapa del paso marítimo que separa el golfo Pérsico del de Omán, con un círculo que señala el estrecho y una franja azul, roja y blanca con estrellas, en un gesto que busca reforzar la narrativa de control absoluto sobre una de las rutas energéticas más vitales del planeta.
Las declaraciones de Trump escalan la retórica contra Teherán, después de que el pasado viernes ya asegurara que planea incorporar el estrecho como territorio estadounidense "tras derrotar a Irán". "Después de que terminemos de derrotar a Irán, que está siendo derrotado muy gravemente, muy pronto declararé el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos, en esencia. Tenemos un bloqueo. Ningún barco pasa a menos que nosotros queramos que pase", afirmó entonces en un mitin en Long Island, Nueva York.
Unos días antes, el mandatario ya había escrito en Truth Social que "Estados Unidos tiene el control total del estrecho de Ormuz. ¡Creo que nos lo quedaremos!", y añadió que "no hay nada que Irán pueda hacer al respecto". Las declaraciones se producen en un contexto de estancamiento diplomático, después de que este lunes expirara el plazo de 60 días acordado en el memorando de entendimiento firmado el 17 de junio entre Washington y Teherán, que declaraba un alto el fuego y abría la puerta a negociaciones para poner fin a la guerra en Oriente Medio. El acuerdo, sin embargo, fue dado por muerto por ambas partes hace semanas.
El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, es una de las principales rutas para el transporte de petróleo y gas del mundo, y se ha convertido en el epicentro de la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Con esta nueva provocación, Trump no solo eleva la presión militar y simbólica sobre Teherán, sino que siembra incertidumbre en los mercados energéticos y en la comunidad internacional, que observa con preocupación el pulso por el control de una arteria marítima clave para la economía global.