En medio de la creciente tensión con Estados Unidos y la ruptura de la tregua, Irán ha anunciado este domingo avances significativos en las conversaciones con Omán para gestionar el tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz, al tiempo que el Parlamento iraní estudia una ley para reforzar su control sobre esa vital vía marítima.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, confirmó que viceministros de ambos países mantuvieron varias rondas de diálogo el viernes y sábado en Teherán, centradas en "principios comunes y mecanismos operativos para garantizar una navegación segura en el estrecho, respetando los derechos soberanos de los dos Estados ribereños". Baghaei calificó las conversaciones como "útiles" y destacó que se lograron progresos, aunque precisó que las consultas técnicas y políticas continúan. Asimismo, aseguró que, por el momento, no se ha modificado la situación del tránsito marítimo en la zona.
Irán y Omán comparten el control de las aguas del estrecho de Ormuz, un paso clave que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y por el que, antes del inicio de la guerra entre Washington y Teherán el pasado 28 de febrero, circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado por vía marítima en el mundo.
Las negociaciones se producen después de que, a finales de junio, Omán —con el respaldo de Estados Unidos— pusiera en marcha un corredor marítimo temporal exento de tasas para facilitar la navegación. Irán respondió atacando embarcaciones que utilizaban esa ruta, lo que llevó a Washington a intensificar sus bombardeos sobre territorio iraní. En medio de la escalada, Teherán volvió a declarar cerrado el estrecho el 5 de julio, mientras Estados Unidos restableció el bloqueo naval sobre puertos y buques iraníes en la zona, una medida que había quedado suspendida tras el memorando de entendimiento alcanzado a mediados de junio.
El Parlamento iraní, por su parte, avanza en una ley destinada a reforzar el control de Teherán sobre el estrecho, un movimiento que podría añadir más presión a un escenario ya de por sí volátil, donde el pulso por el dominio de una de las rutas marítimas más sensibles del planeta sigue abierto.